31 de diciembre de 2010
Solo año nuevo
A pocos minutos de que acabe el año... Quizá este extraño comienzo encierre alguna sorpresa futura y que lo que empieza en soledad acabe rodeada de las personas amadas. O no. En cualquier caso, que el año nuevo lo sea realmente; ya va haciendo falta una buena revolución.Uno, dos, tres, cuatro... doce besos.
26 de diciembre de 2010
25 de diciembre de 2010
24 de diciembre de 2010
Y porque...
Mi amiga, mi niña:
Te tengo muy, muy presente en las horas que recorren algunos de mis días más desapacibles, y cuando el viento me sopla en la cara escucho resonar tu brisa suave y guardada. Escucho tu nerviosismo azul escondido entre mis tendones gastados de querer apretar el gatillo y no poder encontrar un blanco fácil; no uno más fácil que mi propio corazon candado y con escamas. Pero dejemos por un momento de hablar de mi y hagámoslo juntas, porque tomarnos del verbo se hace un respiro en estos días de soledad discordada. Y cuando te lance palabras en clave y cuando escuche a Leonard Cohen en el Chelsea Hotel y llore; y cuando quieras ayudarme de tu terrible honesta manera y yo no pueda... guarda mis besos y abrazos hasta que las palabras salgan. Porque no es fácil decirte todo lo que en ti, con conversaciones secretas e imaginadas, confío
Espero que el tiempo, los dioses y la mar te deparen los más brillantes caminos como en mi días brillas, con inteligencia y cariño. Que cuando estés cansada uses mis piernas; que cuando llores, te limpies con mi piel recien lavada; que avances por encima de las nubes, que te seguiré sonriendo y cantando alabanzas de amistad, de cabellos enredados en historias de amores rotos soportados hombro contra hombro.
Y ahora descansa, que la noche se ha hecho larga para seguir hablando. Ya en el sueño y aquellos acordes de guitarra que nos traían locas nos encontraremos para acabar rompiendo en versos los buenos y los malos momentos.
Y que te quiero.
A María y Ana y a las otras que no miento.
23 de diciembre de 2010
17 de diciembre de 2010
16 de diciembre de 2010
Palabras que leí y sentí llorar ante corazones jóvenes y atentos
PALABRAS PARA JULIA
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.Jose Agustín Goytisolo
8 de diciembre de 2010
Advertencia
Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.
Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.
Felipe Benítez Reyes
7 de diciembre de 2010
4 de diciembre de 2010
Sangre sobre la nieve
"Sentí un escalofrío al detener un segundo mi mirada en las tres manchas de sangre sobre la nieve: como tres escupitajos de dolor frío y vital; sentí dolor. La empatía es un tumor extirpable en estos días. No sé que me pasa, sólo pude pensar que si algún día me asesinan... que dejen mi cuerpo sobre la nieve, donde ya no pueda sentir mi piel insensible; donde ya no quede aliento para contaminar el aire conmigo". Y hay palabras que se llevan consigo parte de nuestra humanidad.
29 de noviembre de 2010
22 de noviembre de 2010
17 de noviembre de 2010
De paso
"Los espejos sólo son enemigos de quienes no saben mirarse en ellos"
Si tuviera que definir el momento en que una historia se supera, diría que es ese en que todo parece estúpido, una grotesca burla, un absurdo auto-engaño. Es cuando en el recuerdo te desdoblas: un yo vive con dramatismo aquella historia y otro yo, desde el ángulo oscuro, se ríe de lo vulgares que resultan las relaciones humanas con seres especiales...
Hay una escena en Persépolis que me encanta para ejemplificar esta idea. Cuando Marji se da cuenta de que su amor ideal es un capullo más. Tras el dolor y el odio y el dolor, pasa al estado de parodia sarcástica. Su imagen deformada - la deformada realidad - salta, tropieza y se saca mocos en la cabeza de la dibujante dibujada. ¡Y aquí está exactamente la clave! Marjane ya sin rencor representa cómo en un momento de confusión odió y ridiculizó una historia anteriormente ideal para su mismo subconsciente. Ahora, sin rencor, las aristas se han limado y la realidad deforme es la realidad real.
De pronto marcas media sonrisa y te dices: solo era eso, nada mas.
Presente
"Para escribir no me sirve con tener luz, necesito todo un lucifer"
Los que viajamos en dirección al oeste lo hacemos de espaldas, confiando en no chocar, en que no se nos claven puñales, ni espadas, ni balas; nos hemos acostumbrado a hacer frente al Sol. Ver moverse al mundo concentrados en lo que ya pasó y continuar vivo es un ejercicio de primeros auxilios: insuflar aire a unos pulmones que se llenaron de alientos usados y hojas caídas y hombres sin cara y piedras pisadas por unos talones que ya no se fían de los dedos de sus pies.
10 de noviembre de 2010
¿Puedo no ir a trabajar, porfa? Aunque en mi casa hace un frío que pela de buena gana no salía a la calle, no recorrería el camino hasta la estación, no cogería el bono de diez viajes que necesito, no esperaría que el tren haga los 90 km de costumbre, no me bajaría para volver a subir esta vez a un bus y no me acurrucaría al lado del radiador del departamento. De buena gana no haría hoy ninguna de esas cosas y unas cuantas más...
7 de noviembre de 2010
Obligado pronunciarse
Supongo que hoy toca hablar del papa. Ahora sólo tengo una cosa que decir: me da asco. Hay asuntos más importantes en mi vida esta noche, mucho más importantes, pero tengo que reconocer que la imagen de ese señor rey y esa señora reina sentados con ese señor papa me ha revuelto un poco las tripas. He sentido vergüenza al ver cómo estos tres seres llegados en la máquina del tiempo desde la Edad Media ocupaban un primer plano ante las cámaras mientras la figurilla débil y encorvada del presidente de éste que dicen es un país buscaba perdido su sitio entre tanta capa de vampiro devora almas.
Pan y circo y cientos de leones alimentándose de nuestras entrañas sin que opongamos ninguna resistencia. Sólo palabras.
Pan y circo y cientos de leones alimentándose de nuestras entrañas sin que opongamos ninguna resistencia. Sólo palabras.
5 de noviembre de 2010
1 de noviembre de 2010
Día de difuntos
Nunca sé cual de los dos es el día de los santos y cuál el de los difuntos, ni cuándo se celebra halloween, ni por qué tengo que soportar siempre que voy al cementerio a la señora beata que limpia semanalmente (puede que incluso a diario...) la tumba que está a la derecha del padre, del padre de mi madre, por supuesto. Yo adoro a mi abuelo, jamás en la vida había llorado tanto como cuando estaba muriéndose. Desde entonces hasta un barquito de papel naufragando puede hacer nacer en mí un manantial de lágrimas que mana sin control. Puede que entonces se me dieran de sí las glándulas lacrimales. O simplemente sea que los años, la enfermedad, el dolor y la muerte sean asuntos con los que no puedo convivir y en cada milímetro del mundo veo su sombra. A menudo la vida me resulta insoportable, de formas muy distintas y variadas.Y sin embargo, la señora beata que guarda la tumba que se halla a la derecha del padre no me conmueve de forma alguna. Seguramente no es un ser demoniaco, pero me incomoda. Me molesta su falsa bondad, su forma de inmiscuirse en lo que no la llaman. Su gusto por juzgar los comportamientos de los demás persinándose después de pronunciar cada palabra. Lo siento, de veras, pero ...¡que le jodan , señora!
Ni siquiera puedo ahora reproducir el incidente de esta mañana porque este fin de semana tengo el estómago sensible y es lo que necesitaría para volver a vomitar, pero me ha hecho sentir mal. Yo sólo voy al cementerio días como este porque mi madre me lo pide y ella no puede ir, tiene la mala costumbre de dedicarse en cuerpo y alma a los vivos antes que a los muertos. Yo sólo voy al cementerio como algo símbólico, porque para decirte que aún te quiero se me llena de besos la boca cada vez que me acuesto. Yo sólo voy al cementerio para escuchar el silencio, tú silencio, y recordar cómo eran tus manos hundiéndose en la tierra y lo bonito que sería plantar sobre ti un árbol y devolverte tu forma de metáfora y poesía. Yo solo quiero estar a solas contigo y no soportar a esa señora que cada vez que me ve me repite con mucha educación que tu tumba está sucia y que no vamos lo suficiente a cuidarla y que ella alguna vez le pasa un trapo para quitarle las hojas secas. No le voy a explicar mi vida, ni la de mi madre, ni la de mi abuela que no ha sido devorada por el cáncer como su marido, pero se la come (y nos emplea a nosotros como postre) la demencia. No tengo por qué explicarle todo eso así que me he limitado a contestar de forma cortante y dar media vuelta, dejándome en la punta de la lengua que no creo en dios, ni voy a misa como ella, ni creo en la vida eterna, y que a mi abuelo le hubiera dado igual donde enterraran su cuerpo porque lo que amaba era estar vivo y que lo único que lamento es que cuando me muera, con un poco de mala suerte, me enterrarán cerca de ella. Lo bueno es que ninguna de las dos se dará cuenta.
29 de octubre de 2010
Primavera, verano, otoño, otoño, otoño...
Todos los perros ladran y aullan hoy enloquecidos en el patio, el cielo dispara gotas de agua que rebotan en los cristales sucios de mis ventanas y apenas entra luz en esta casa donde cada día hace más frío y más sueño y más ganas de escuchar sólo el ritmo del silencio.
27 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010
Pasando el tiempo
Fin de semana en Madrid, largas esperas. Reunión de amigos, muchísimas cañas, el sol golpeando mi rostro de otoño y la mayor parte de los deseos aún en el tintero. Me gustan los viajes en el asiento delantero del coche. Me gusta dormir acompañada y levantarme la primera, aunque me toque la ducha fría y avisar en recepción de que me he congelado: "Por favor, que él no pase frío". Me asusta que me asuste tanto la gente invadiendo las calles y que siempre tenga que elegir a solas para sentirme satisfecha. Las manos se extienden demasiado limpias en esta ciudad de polvos usados.
Domingo de resaca y resurrección. La visita al recién nacido me despierta el apetito de vida y creación. Daría algo por mecer en mis brazos algo bueno de mí. Daría algo por darte más de lo que tengo y recoger de ti el reflejo de mis sueños. Sólo materializo pesadillas sobre el aire de estas corrientes semicirculares. Espero que la casa no llegue a explotar sin llevarnos por delante.
Punto y aparte
No hay fotos, no hay besos, no hay nada de lo que tanto echo en estos días de menos.
Domingo de resaca y resurrección. La visita al recién nacido me despierta el apetito de vida y creación. Daría algo por mecer en mis brazos algo bueno de mí. Daría algo por darte más de lo que tengo y recoger de ti el reflejo de mis sueños. Sólo materializo pesadillas sobre el aire de estas corrientes semicirculares. Espero que la casa no llegue a explotar sin llevarnos por delante.
Punto y aparte
No hay fotos, no hay besos, no hay nada de lo que tanto echo en estos días de menos.
19 de octubre de 2010
Dormida
En el sueño pronunciaba en voz alta algunas palabras sentada sola en una mesa:
Como el polvo arbrasado del incendio
Como el polvo de la casa abandonada
Como el polvo de una noche
olvidado por uno de los dos
o de los tres…
Como cuanto me quedé
Como lo que perdí.
Todo como nada.
Como el polvo arbrasado del incendio
Como el polvo de la casa abandonada
Como el polvo de una noche
olvidado por uno de los dos
o de los tres…
Como cuanto me quedé
Como lo que perdí.
Todo como nada.
18 de octubre de 2010
5 de octubre de 2010
Carta sin despedida
A veces,
mi egoísmo
me llena de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin
remedio,
mi querido
hermano y parigual en la
desgracia.
A veces -o mejor dicho:
casi nunca-,
te odio tanto que te veo
distinta.
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible
y por lejano-.
Pero el odio también me
modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme
cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo
nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes,
yo te reconozco,
identifico tu perfil
primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como
sigues
siendo,
como serás ya siempre,
mientras te ame.
Ángel González
In a manner of speaking
La primera vez que abrí un blog lo titulé como éste ahora . Sustancialmente no era diferente, pero en esencia no tenía nada, nada, que ver. Aquella vez les pasé la referencia a mis amigas, esas a las que - ya es hora de decirlo - adoro. Y unos meses después abrí otro; otro escondido para poder volcar palabras que me quemaban; y para otras cosas que ni tengo claras ni expresaría aunque fuera así. En ese vaivén que dibuja mi vida en todos los sentidos, se han ido remarcando los trazos que me pintan: la inseguridad, la insatisfacción con cada una de las formas de dar mis pasos, el desorden, el pudor y el ansia por escapar hasta rozar el descontrol y volver a tocar suelo. Así, volví a dar la dirección de la nueva carpeta de recuerdos a una a dos personas, gente que en la vida me había visto. Incluso,si no recuerdo mal, de alguna otra manera me dejé ver. Pasó un tiempo - soy incapaz de medir ni de recordar el tiempo ni los tiempos - y tuve (he tenido) que volver a redireccionar los folios en blanco que quizá nunca debiera manchar. Con todo esto ya digo demasiado, aún sintiéndome tan cómoda - ahí quizá el motivo - en la clandestinidad [hasta me sonrío ante tamaña estupidez]. Todo esto tiene un porqué.
En aquel primer blog colgué una canción que escuché con unos amigos en un viaje. Y puede que también en el segundo blog; no lo recuerdo bien. Y porque los círculos me atraen, pese a acabar siempre en espirales, era obligado que mi cerebro trajera a mi caótica y caprichosa memoria otra vez esta versión que tan suave me suena siempre que vuelvo a ella. Y porque los recuerdos llaman recuerdos, compañeros de viaje, y porque empiezo a encontrar fechas y coincidencias con los meses de años pasados y con personas que escaparon pero nunca desaparecen... Y por tantas noches de sueño robado y tantas ficciones y tantas cosas, prefiero acabar saliéndome por la tangente: ¿y qué extraño trauma habrá detrás de que todos los grupos que hacen versiones me recuerden que existió algo llamado La década prodigiosa?
3 de octubre de 2010
1 de octubre de 2010
Unas voces me susurran:
No pasa nada,
siempre y cuando pase algo.
siempre y cuando pase algo.
Y repiten:
No pasa nada,
siempre y cuando
pase algo;
siempre,
que pase algo.
29 de septiembre de 2010
Día de huelga
Después de darle muchas vueltas, repetirme en voz alta argumentos a favor y en contra poniendo excusas (y sindicatos de por medio) para no llamar la atención... Decidí que sí, que haría huelga, y a continuación me quedé coja: una tendinitis en el pie izquierdo que me ha tenido tres días saltando a una pierna. Me han dado la baja por unos días, y aquí estoy, intentando saber cómo va todo en un mundo parado que no sé si lo está tanto o lo está más. Como siempre. Intuyo, por lo que voy observando en estos tres años, que en el sector en el que trabajo la repercusión habrá sido baja, o nula, al menos en el centro y ciudad en la que estoy. Allí ni dios habla del tema (ni los representantes sindicales cuando dejan unos calendarios y debajo la hoja informativa sobre la huelga: cojonuda labor de agitación), incluso tengo la impresión de que más bien molesta. ¿Será cargo de conciencia o falta de ella? Pero ya era hora, hacía falta una huelga. Y más.
28 de septiembre de 2010
Los subterráneos
Pero mientras observaba sus diminutos encantos tenía todo lo más la sola idea de que debía a toda costa sumergir mi alma solitaria («un hombre grandote, triste y solitario», según me dijo ella una noche más tarde al verme de pronto en el sillón) en el baño cálido y en la salvación de sus muslos, anhelaba esas intimidades de los jóvenes amantes en la cama, altos, los ojos ante los ojos, el pecho contra el pecho desnudo, órgano contra órgano, rodilla que se aprieta contra rodilla temblorosa y pecosa, cambiándose actos de amor y de existencia por el gusto de hacerlo. [...]
[...] veo mi vasta cara desolada, y mi llamado amor que se derrama por la callejuela, todo inútil; como antes solían ser gotas de melancolía sobre los sillones calientes, abatido de lunas (aunque esta noche es la gran noche de luna llena); como antes, cuando surgió en mí la comprensión de la necesidad de regenerar el amor universal, como corresponde a un gran escritor, como un Lutero o un Wagner, y ahora esta cálida imagen de grandeza es un vasto escalofrío en el viento, porque también la grandeza muere, ay, y ¿quién dijo que yo era grande? ¿Y suponiendo que uno fuera un gran escritor, un secreto Shakespeare, de la noche acolchada? Realmente, un poema de Baudelaire no compensa su dolor, su dolor (fue Mardou quien finalmente me dijo: «Hubiera preferido que él fuera dichoso en vez de los poemas desdichados que nos ha dejado», una opinión con la cual estoy de acuerdo, soy Baudelaire, estoy enamorado de mi amante negra, y también me incliné sobre su vientre y escuché sus rumores subterráneos) [...]
Jack Kerouac, Los subterráneos
27 de septiembre de 2010
Astrología vacía
Que alguien me diga cómo, porque no lo entiendo; de pronto me veo comprobando compatibilidades entre signos zodiacales en páginas web sembradas de anacolutos y otras malas hierbas. Y por un instante hasta me lo creo y tengo mi momento de bajón, como si de una sentencia se tratase: Queda usted condenada a cadena perpetua de soledad e insatisfacción, ya que cualquiera que sea la fecha de nacimiento del hombre en que fije su cariño, sí o sí, será un completo desastre en caso de intentar trabar una relación amorosa o de pareja. A sus órdenes, mi señoría. Tardo en salir del letargo en que imagino qué habría ocurrido si hubiera nacido un mes antes. Pienso en personas que según esto encajan a la perfección y me doy cuenta de que podrían ser mis padres, esos que en dos o tres años dejaron de quererse tanto que hasta escucharse lo convertían en un acto de terrorismo empujándonos a todos cuerpo a tierra. Joder, menos mal que los astros a veces se equivocan, de no ser así creería que provengo de una familia de desviados celestiales.
Me entretengo con estas tonterías en una noche de malas pisadas y dolor de garganta mientras se me acaban los cigarros que me prometí no fumar aunque me dispararan los recuerdos de otros. En lugar de aprovechar el tiempo - acercándose la treintena parece que ya no sobra - vuelvo a recrear historias imposibles y a reinterpretar frases que no sé entender de forma objetiva. Al final voy a ser una soñadora, voy a vivir en un mundo de fantasía, voy ser presa fácil de los otros y de sus mentiras, voy a estar sometida a mis cambios de humor con la luna llena... No creo, eso daría veracidad a un puñado de palabras vacías. ¿Alguno se ha dejado la vida y el alma perdido entre un montón de palabras vacías?
26 de septiembre de 2010
Tras meses de reflexión sobre el dolor y las mentiras, ahora me bombardean con datos neurológicos que me hacen sentir engañada. Qué locura. No hay manera posible de esconderse ni de esconder la verdad cuando esta te invade como un ejército de hombres sin nada que perder.La duda y la inseguridad es un escudo agrietado. Penetran todas las balas hasta mi corazón. No queda tiempo para curarse, más vale un fin rápido y sin llamas.
21 de septiembre de 2010
Aquí, en mitad de la meseta,
donde acaba el mundo,
el viento sopla del norte
y los hombres acostumbran
a dormir la siesta.
Aquí, donde la tristeza se esconde
en busca de descanso
tocando, suave, con su mano siniestra.
Aquí, a media vela
se siente el polvo acariciando
las piernas
y los gritos de los niños
jugando a carreras
sobre la hierba seca.
Aquí, lejos de todo,
se respiran sueños
y con lo poco que cabe en una maleta
los chicos se hacen hombres
más allá de la margen del río
y de su ribera.
Aquí, en el centro de la tierra,
aún pesan las guerras
y las piedras callan
noches de espera.
Los secretos se hacen llagas
mojadas en vino tinto
aquí, donde el silencio es la respuesta.
donde acaba el mundo,
el viento sopla del norte
y los hombres acostumbran
a dormir la siesta.
Aquí, donde la tristeza se esconde
en busca de descanso
tocando, suave, con su mano siniestra.
Aquí, a media vela
se siente el polvo acariciando
las piernas
y los gritos de los niños
jugando a carreras
sobre la hierba seca.
Aquí, lejos de todo,
se respiran sueños
y con lo poco que cabe en una maleta
los chicos se hacen hombres
más allá de la margen del río
y de su ribera.
Aquí, en el centro de la tierra,
aún pesan las guerras
y las piedras callan
noches de espera.
Los secretos se hacen llagas
mojadas en vino tinto
aquí, donde el silencio es la respuesta.
Septiembre
Levantarse a las seis de la mañana y regresar a las cuatro de la tarde va a ser una rutina difícil de tragar. Hoy luchaba con mis párpados temerosa de volver a abrirlos en Madrid, fin de trayecto. Comienza una nueva historia con personajes conocidos a los que seguir queriendo y un argumento lleno de entusiasmo. Habrá que ir trazando estrategias para conservarlo y hacerlo gigante. Hasta que invada el mundo.
19 de septiembre de 2010
Autosuficiencia
Tenía una canción de Lou Reed rebotando en mi cabeza, y de pronto me he dado cuenta de que hay otra que está apareciendo y reapareciendo como por casualidad en mis minutos de vida de los últimos meses. Miqui Puig la pinchó en un bar de mi ciudad odiada-querida, otro día la oigo en un programa de radio, después se la cuelo a unas amigas en un cd y ahora la veo en el facebook de un conocido... Resurge como el Guadiana. Me da la risa recordando cuantas veces, en uno de esos ataques de locura que a todos nos dan, se la he cantado (berreado) a mi pareja con euforia y movimientos epilépticos, ante su sorpresa. Le hace gracia un poco de desenfreno y súbito alegrón. Pues va por ti.
15 de septiembre de 2010
Paul Auster
5
En el parvulario de mi hijo había una niña cuyos padres estaban tramitando eldivorcio. Yo apreciaba particularmente al padre, un pintor poco reconocido que se ganaba la vida copiando proyectos arquitectónicos. Creo que sus cuadros eran muy hermosos, pero siempre le faltó la suerte necesaria para convencer a los marchantes de que apoyaran su obra. La única vez que expuso, la galería quebró al poco tiempo.
B. no era un intimo amigo, pero lo pasábamos bien juntos, y, siempre que lo veía, yo volvía a casa con renovada admiración por su tenacidad y su calma interior. No era un hombre que se quejara, que sintiera lástima de sí mismo. Por muy negras que le hubieran ido las cosas en los últimos años (infinitos problemas de dinero, falta de éxito artístico, amenazas de desahucio de su casero, dificultades con su antigua mujer), nada parecía desviarlo de su camino. Continuaba pintando con la misma pasión de siempre, y, al revés que muchos, nunca mostró ninguna amargura, ninguna envidia hacia artistas de menor talento a los que les iba mucho mejor que a él.
A veces, cuando no trabajaba en sus propios cuadros, hacía copias de los maestros antiguos en el Metropolitan Museum. Me acuerdo de un Caravaggio que copió un día y que me pareció extraordinario. No era una copia, sino más bien una réplica, un duplicado exacto del original. En una de aquellas visitas al museo, un millonario tejano vio trabajar a B. y quedó tan impresionado que le encargó la copia de un Renoir para regalársela a su novia.
B. era sumamente alto (casi dos metros), guapo y amable, cualidades que lo hacían especialmente atractivo para las mujeres. Cuando superó el divorcio y volvió a la circulación, no tuvo problemas para encontrar compañeras. Yo sólo lo veía dos o tres veces al año, pero cada vez había una mujer distinta en su vida. Todas estaban evidentemente locas por él. Sólo tenías que ver cómo miraban a B. para adivinar lo que sentían, pero, por una u otra razón, ninguna de sus relaciones duraba demasiado.
Dos o tres años después, el casero de B. consiguió su propósito y lo echó del estudio. B. abandonó la ciudad, y dejamos de vernos.
Pasaron varios años y entonces, una noche, B. volvió a la ciudad para asistir a una cena. Mi mujer y yo también estábamos invitados y, cuando supimos que B. estaba a punto de casarse, le pedimos que nos contara la historia de cómo había conocido a su futura mujer.
Unos seis meses antes, nos contó, había hablado por teléfono con un amigo. El amigo estaba preocupado por B., y pronto empezó a reprocharle que no hubiera vuelto a casarse. Ya hace siete años que te divorciaste, le dijo; ya hubieras podido sentar la cabeza con una docena de mujeres atractivas e interesantes. Pero ninguna te parece lo bastante buena y siempre las dejas. ¿Qué te pasa? ¿Qué demonios quieres?
No me pasa nada, dijo B. Simplemente no he encontrado la persona adecuada, eso es todo. Al ritmo que vas, nunca la encontrarás, le respondió su amigo. ¿Has encontrado alguna vez una mujer que se aproxime a lo que buscas? Dime una, sólo una. ¿A que no eres capaz de nombrar una sola mujer?
Sorprendido ante la vehemencia de su amigo, B. reflexionó sobre el asunto detenidamente. Sí, dijo por fin. Había una. Una mujer que se llamaba E., a la que había conocido en Harvard cuando era estudiante, hacía más de veinte años. Pero entonces E. salía con otro, y B. salía con otra (su futura ex mujer), y no había habido nada entre ellos. No tenía ni idea de dónde estaba E. ahora, dijo, pero si encontrara a alguien como ella, no dudaría en casarse de nuevo.
Ése fue el final de la conversación. Antes de hablarle de E; a su amigo, B. no se había acordado de aquella mujer durante más de diez años, pero, ahora que le había vuelto al pensamiento, no se la podía quitar de la cabeza. En los tres o cuatro días siguientes, pensó en ella sin parar, incapaz de librarse de la sensación de que hacía varios años había perdido una oportunidad única de ser feliz. Entonces, como si la intensidad de estos pensamientos hubiera enviado una señal a través del mundo, el teléfono sonó una noche y allí estaba E., al otro lado de la línea.
B. la tuvo al teléfono más de tres horas. Ni se enteraba de lo que le decía, pero habló y habló hasta pasada la medianoche, con la conciencia de que algo extraordinario había sucedido y no podía dejarlo escapar otra vez.
Al terminar sus estudios universitarios, E. ingresó en una compañía de baile y durante los últimos veinte años se había dedicado exclusivamente a su carrera. Nunca se había casado, y, ahora que estaba a punto de retirarse de los escenarios, llamaba a viejos amigos del pasado, intentando volver a tomar contacto con el mundo. No tenía familia (sus padres se habían matado en un accidente de coche cuando era niña) y se había criado con dos tías que ya habían muerto.
B. quedó en verla la noche siguiente. Cuando se encontraron, no tardó mucho en descubrir que sus sentimientos hacia E. eran tan fuertes como había imaginado. Volvía a estar enamorado de ella, y varias semanas después decidieron casarse.
Para que la historia sea aún más perfecta, resultó que E. tenía bienes. Sus tías habían sido ricas, y a su muerte ella había heredado todo su dinero, lo que significaba que B. no sólo había hallado el verdadero amor, sino que los incesantes proble mas de dinero que lo habían agobiado durante años habían desaparecido de repente. Todo de golpe.
Un año o dos después de la boda, tuvieron un hijo. Según mis últimas noticias, el padre, la madre y el niño están bien.
Paul Auster, El cuaderno rojo.
13 de septiembre de 2010
6 de septiembre de 2010
"El día que te conocí"
El otro día llegué con tiempo sobrante a la estación de ferrocarril sin un libro para leer y el mp4 en el fondo de la mochila. No estaba de muy buen humor, un día de esos en los que el vuelo de una mosca demasiado cerca de la oreja me altera. Cuando entré en el vestíbulo vi que había unos paneles en los que se exponían fotografías. Después de comprar el billete me acerqué a verlas. Pertenecían a un concurso relacionado con el ferrocarril como tema en todos sus aspectos. Algunas realmente bellas, me llamaban la atención por su técnica o por su creatividad. Pero una serie compuesta por cinco fotografías polaroid me hizo detenerme un rato más largo, observarlas, repasarlas, leerlas, recordarlas y asimilarlas a mis imágenes. La empatía funciona en toda manifestación artística. Cinco imágenes desenfocadas pero muy evocadoras que narraban un viaje hacia "El día que te conocí", título de la serie. Una historia en cinco instantes caracterizados con una frase manuscrita a pie que uno reconstruye con vivencias similares porque la emoción surge de lo compartido como una sonrisa y el placer de no estar solo. Un viaje en tren de tres horas para encontrar los brazos de alguien esperado recibiéndote al otro lado del objetivo, al otro lado de tus ojos.
Mientras miraba embelesada estas fotografías, un hombre mayor con un acento que no supe identificar me pregunta:
- ¿Qué es, una exposición? - Asiento, me mira un segundo y vuleve a girarse hacia los paneles - Caminos de hierro... Las máquinas de vapor, usted no conoció las másquinas de vapor, ¿verdad? - con una sonrisa pícara.
- Pues yo diría que no... - le devuelvo la sonrisa y bajo los ojos porque me da un poco de vergüenza que me vean.
Yo me quedo repasando las imágenes y él les echa un vistazo por encima. Unos minutos más tarde, está sentado, otro más que espera.Yo me pongo detrás en diagonal, saltando una fila de sillas para mantener la distancia de seguridad, haciendo como que no miro esas botas que lleva que tanto me gustan, ni calculo cuál será su destino, ¿Madrid o Barcelona? Esas botas también me traen recuerdos de unos pasos que no volveré a seguir jamás sea cual sea su destino. Estoy aún un poco obsesionada. Una voz avisa de que el tren que me devuelve a casa va a llegar, así que levanto el culo y me pongo en marcha. Bon voyage.
5 de septiembre de 2010
Canción del esposo soldado
Miguel Hernández
He poblado tu vientre de amor y sementera
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al mas leve tropiezo
y a reforzar tus penas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una loca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garra.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un dia iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y de brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
31 de agosto de 2010
24 de agosto de 2010
A ras
El otro día, mirando el cielo estrellado desde el balcón de la casa prestada en la sierra madrileña, recordé que nunca me interesaron demasiado los astros ni la inmensidad del universo. Que de pequeña mi madre me regaló un microscopio y una colección de minerales con los que pasaba horas ejercitando los cinco sentidos. Mamá siempre me decía: levanta la cabeza, camina mirando arriba, en el cielo también puedes encontrar cosas que perderás si solo posas tu vista en el suelo. Además, hace feo. Y quizá sea por timidez o vergüenza o miedo a que se abra la tierra y nos trague a todos en un bostezo, pero no he sabido dejar de fijar mi atención en lo que está más cerca de mis pies y de mis manos. Las paredes, las puertas, los espejos, el polvo del camino y el áspero asfalto que desgasta las suelas de mis zapatos, que raras veces alzan tacones, me trajeron más loca que los aeroplanos sobrevolándonos o las altas torres de las iglesias que acercan sus campanas a dios. A mi me gustaba agacharme para mirar de cerca las huellas de los gatos sobre la tierra húmeda tras una noche de tormenta y caminar por los campos de alfalfa escuchando como se tronchaba con cada uno de mis pasos para erguirse de nuevo al avanzar. Todavía hoy estoy pegada a lo que nace del suelo y a lo que regresa a él después de un tiempo que amenudo no es suficiente. Puede que por eso a veces repte y, para ascender, me pegue a las paredes de roca con mis manos, mis pies y mis rodillas convirtiéndome en un nuevo relieve de la piedra.
Aunque ahora, de cuando en cuando, miro al cielo intentando descubrir qué fascina a otros, sigo bajando la mirada y así encuentro las sonrisas de los niños, las sombras alargadas y silenciosas de mis manos, los pies de otros escondidos en distintos calzados, los ratones que corretean doblando veloces las esquinas, los borradores de nota de suicido escritos en servilletas de bar, las gotas de sangre que pasan inadvertidas... Será la fuerza de la gravedad o una profunda inseguridad atada directamente al alma, pero vivo a ras de tierra y de agua, y eso condiciona mi forma de observar y de pensar.
Aunque ahora, de cuando en cuando, miro al cielo intentando descubrir qué fascina a otros, sigo bajando la mirada y así encuentro las sonrisas de los niños, las sombras alargadas y silenciosas de mis manos, los pies de otros escondidos en distintos calzados, los ratones que corretean doblando veloces las esquinas, los borradores de nota de suicido escritos en servilletas de bar, las gotas de sangre que pasan inadvertidas... Será la fuerza de la gravedad o una profunda inseguridad atada directamente al alma, pero vivo a ras de tierra y de agua, y eso condiciona mi forma de observar y de pensar.
23 de agosto de 2010
13 de agosto de 2010
10 de agosto de 2010
5 de agosto de 2010
Velada
Sigue hablando del trabajo, de lo cansado que está, de que ya no tienen la ilusión de antes. Le reprocha que ha perdido toda aquella energía y se ha olvidado de intentar que lo suyo vaya para adelante. Espera que le proponga planes, pero nunca lo hace. Y él espera mientras le dice todas las cosas que hace mal y ha de mejorar. Recuerda cuando sentía que la amaba y era feliz aunque de vez en cuanto tuviera que pelear por intentar corregir todos los defectos que ella tenía y sigue teniendo pese a sus constantes esfuerzos por convertirla en la mujer perfecta con la que siempre había soñado, aquella que le haría sentirse orgulloso al caminar juntos con el brazo posado sobre sus hombros. Le explica y levanta la voz sólo para que entienda que esto es serio y deje de interrumpirlo. Oh, esa maldita manía suya de justificarlo todo, de explicarse interminablemente hasta que termina por no abrir la boca y, ahí, el silencio y la indiferencia que le da la razón. Porque la tiene. Y mientras, H piensa en su vida trazada en un mapa de caminos que se bifurcan. Y ella parada intentando decidir eternamente si seguir avanzando o hundir sus manos en la tierra para cavar un pozo de la lleve al mismo centro de la tierra. Recuerda cuando estaba estudiando y el mundo era de otra manera. El primer piso que compartió y al que él iba de vez en cuando para acariciarle el cabello que sólo le rozaba los hombros en aquella época. Le viene a la cabeza aquel fin de semana que él llegó y ella casi estaba preparada. Ella eligió la ropa que, a su entender y teniendo en cuenta su recato, la presentaba como una mujer sensual, deseosa de hacer de aquel tiempo juntos un tiempo inolvidable. Desde la puerta, lo condujo con besos y susurros hasta la habitación, gozando de la sonrisa de satisfacción que se esbozaba en su cara. Lo puso de espaldas y abrió la puerta despacio. sin apartar su mirada de la de él. Dentro, el olor de la cera ardiendo bailaba con la luz de las velas que convertían la habitación en un pedazo de cielo que los acogía en aquella tibia oscuridad. La abrazó, la besó, dejó que un brillo acuoso apareciera en sus ojos y la desnudó con la dulzura con la que se descubre a la persona amada. Aún puede recordar aquellos momentos antes de que desapareciera la luz de las velas y ella comenzara a caminar a tientas, arrimada a la pared para evitar todo roce, todo contacto con el mundo tal y como lo quiso conocer. Ahora, a oscuras mirando la televisión mientras él habla, se le ocurre una idea. Quizá sea una estupidez, pero… Puede que no sea tarde para dejar de esperar, ¿no?
4 de agosto de 2010
Cuestión de lenguas
Me gusta escuchar palabras en otras lenguas, pronunciar con rasgos marcados letras de otra tierra. Disfruto escuchando a quienes entiendo y a quienes no entiendo y, aunque me intentaras liar con razones que entiendo y, aún, no comprendo, me gustan los no-castellanoparlantes y los bilingües acérrimos. Lo que ya no me gusta es creer las mentiras que me tragué y no digiero. En fin...
1 de agosto de 2010
30 de julio de 2010
Sesión doble
No puedo decir que me guste demasiado el verano, ni que lo esté disfrutando; quizá sea esto último lo peor de todo: no sé o no soy capaz de disfrutarlo. Los días pasan, las noches caen y a ninguno de los dos le saco partido. Sólo hay una cosa que me gusta de estas vacaciones, las sesiones matinales de cine en VOS Me encanta. Hoy la hice doble: Affliction y L'homme du train. La primera creo que tiene enormes carencias. El tema es interesante pero la forma de desarrollarlo, la esturctura del argumento, es bastante pobre. Salpicadura de tópicos, una interpretación de Nick Nolte forzada que nace seguramente del propio guión y un desenlace que aporta bien poco. El principio y el final de una obra son clave para que una película, o cualquier otro texto, sea redonda. Esto, en cierto modo, me recuerda a la segunda, L'homme du tren. Es especial, tiene el sentido del humor, la ironía, los silencios y la liaison franceses. Te atrapa y sólo le puedo criticar el final. Se nos quiere llevar a un climax mágico, lírico, y sólo consigue que desees dar marcha atrás para volver a disfrutar de algunos momentos anteriores, mucho más interesantes. Merece la pena verla y sentirse en el lugar de los protagonistas. Tengo una amor especial por el cine francés, aunque estos días me enamoré también de Fellini, repetí con Visconti y no me olvido de seguir rebuscando entre los directores rusos que desconocía completamente. Eso sí, jamás renunciaré a una buena sesión de Arañas devoradoras o Avispas asesinas (la de ayer superaba los límites de la neurosis, al más puro estilo S. King: insoportable), I love it!!!
En fin, me siento espesa como las papillas que mi preciosa abuela me hacía de pequeña.
29 de julio de 2010
27 de julio de 2010
Algunos hombres
Te embelesan y es difícil escapar del embrujo. Los hombres con talento tienen un atractivo que te envuelve y resulta casi imposible resistirse, un sacrificio. Poner barreras, límites, es pura ficción porque deseas dejarte arrastrar por los trazos negros que dibujan sobre tu piel, que se convierte en lienzo suave al tacto de unas manos que acarician con la punta de los dedos hasta que posan la palman llenas dejando una huella de calor y pasión. Los hombres con talento te vuelven loca, en el mejor y el peor de los sentidos, y de eso una se arrepiente con la boca pequeña. Con esa con la que no deja de desear besar mientras dure el invierno. Cuando sale el sol, empiezas a guardar el bolsas los trajes viejos y cuesta una vida comprender la soledad y el engaño visto a través de las ascuas que aún humean en el fondo del espejo.
Quizá hablo de oídas y de sueños.
26 de julio de 2010
22 de julio de 2010
20 de julio de 2010
19 de julio de 2010
17 de julio de 2010
Serge Gainsbourg, Je suis venu te dire que je m'en vais
La Chanson d'automne de Verlaine recorre mi vida para en los momentos más oportunos agarrarme del brazo y pasear juntas. Gracias, mamá.
16 de julio de 2010
Me pongo muy triste a ratos y me doy cuenta de lo difícil que es superar algunos dolores. Ha pasado mucho tiempo y aún se me parte el alma cuando pienso, y lo vuelvo a hacer a menudo; como una boba anclada en un mundo que ni existió. Se parte el alma y no sé como repararla. Estoy triste y ya es demasiado habitual que se me escapen la lágrimas, que no quiera salir a la calle, que por las noches fabrique situaciones más dulces en mis sueños, esos de los que nunca quiero despertar. Pero ha pasado demasiado tiempo y ya no sobra.
No quiero volver a creer a nadie que me diga que me quiere, porque ahora sé que nunca va a ser cierto. No quiero que me pinten futuros hermosos, porque después todo se hace añicos. No tengo miedo a que la vida se complique y tener que caminar contra el viento, con la lluvia golpeando el cuerpo y oliendo la adversidad acechando mi espalda. Pero no quiero estar tan triste por un puñado de mentiras y ficciones, de palabras que nunca iban a convertirse en hechos, de engaños y falsos halagos que decidí creer porque soy débil y anhelaba el amor que me prometieron. No quiero que algo así se repita y necesito que esta herida se cierre y no sangre para poder seguir adelante. Si sólo me hubiera dado la respuesta que le pedí, quizá ahora sería más fácil; mi cerebro no naufragaría en esas violentas tormentas hechas de contradicciones. Quizá hubiera podido asumirlo todo y volver a mi vida con fuerzas para remendar estos pequeños desgarros y bordar nubes encima. Si me hubieras respondido que no me querías, lo entendería perfectamente y aceptaría todo lo anterior como algo humano. No estaría tan enfadada conmigo misma, ni contigo y me repetiría que son cosas de la vida. Si alguna vez te encontrara, volviera a verte - algo más que improbable - no sé como reaccionaría. Puede que ni fuera capaz de mirarte a la cara o que toda mi sangre hirviera como lo hacía antes. Da igual, probablemente lo más justo y honesto sería que tú, que siempre peleas por encontrar la palabra justa, la que impacta y dice más por lo que connota que por lo que denota, pronunciaras esta vez algunas palabras: un "nunca llegué a enamorarme de ti aunque te lo dije porque quería que ocurriera y no pudo ser", un "me equivoqué, pero sólo quería que te sintieras bien" y un "adios". No me haría feliz, eso ya es batalla perdida, sin embargo, me devolvería al mundo real, uno que puedo entender, en el te golpean fuerte y sientes dolor hasta que un día te curas. Ahora sigo aferrada a una ficción terrible de la que solo la verdad de tus labios podría sacarme. Y nadie se puede imaginar la falta que me hace.
15 de julio de 2010
Pensaba que gran parte de mis problemas provenían de una etapa de cambios físicos y psicológicos llamada adolescencia que superaría y no tendría terribles repercusiones en el resto de mi vida porque "de lo doloroso se aprende" y yo me empeñé en sufrir (las letras me echaron una mano y yo me eché la soga). Superé la crisis viva y tuve que seguir indagando en el origen del problema con un cigarro al borde de los labios. En los años universitarios de reflexión y análisis, convine en focalizar el origen de mis inseguridades y peleas conmigo misma en la infancia, aquella que no se cuenta, porque los trapos sucios se lavan en casa, hasta que no se ha superado la vergüenza y se comprende como un accidente carente de tragedia pero lleno de cicatrices. A ratos comencé a vomitar reproches a la cara de quienes más me quieren y a otros, dosifiqué conversaciones que buscaban liberarme, aunque siempre quedaba sangre en el tintero y pudor en la punta de una lengua más que destrozada por los mordiscos. Tampoco ahí encontré la serenidad intuida y deseada, así que la culpa de todo debía tenerla el mundo, el no encontrar mi lugar en el mundo. Salir de casa, salir de la Facultad, saltar de un centro de trabajo a otro y huir de la estabilidad de un puesto fijo, de unos compañeros repetidos a los que no podría soportar volver a ver las caras. Tampoco encontré nada. No quedaba otra, debía ser quien estaba a mi lado quien no me permitía ver la luz con la que iluminan las estrellas. Encontré un motor lo suficientemente potente para arrastrarme lejos de una vida casi decidida. Las palabras son más poderosas que la verdad. Cuando no crees que nada puede ser jamás perfecto, cualquier atisbo de dulzura que se asemeje a lo que siempre soñaste puede arratrarte a la más absoluta de las rendiciones. Decides incluso cambiar toda tu vida, lanzarte al agua sin siquiera haber aprendido a nadar y arriesgar hasta tu alma a sabiendas de que tu cuerpo ya no vale nada. Ni cuando te das cuenta del engaño, no pasan demasiadas horas porque la intuición nunca te traiciona, eres capaz de escapar de la luz más potente que jamás nació dentro de ti misma. Me encontraron débil y ahora solo lamento no haber tenido la valentía necesaria para emplearla encendiendo otras hogueras que me calentaran durante años o para siempre. Porque no hay nada más bello que lo que te llevas hasta la muerte. Y todo lo demás... fuegos fatuos.
Que dios bendiga con la soledad a los que viven de los otros y nos maldiga con dolor a los que amamos sin rencor a aquellos que nos hicieron daño.
13 de julio de 2010
10 de julio de 2010
Etienne Daho, Le premier jour (du reste de ta vie)
Le premier jour El primer día
Un matin comme tous les autres Una mañana como otra cualquiera
Un nouveau pari Un nuevo reto:
Rechercher un peu de magie Buscar un poco de magia
Dans cette inertie morose En esta triste inercia.
Clopin clopan sous la pluie Cojeando bajo la lluvia,
Jouer le rôle de sa vie Interpretas tu vida,
Puis un soir le rideau tombe Hasta que una noche cae el telón
C'est pareil pour tout l'monde Es lo mismo para todo el mundo
Rester debout mais à quel prix Permanecer en pie,pero a qué precio
Sacrifier son instinct et ses envies Sacrificar tu instinto y tus deseos
Les plus essentielles Más esenciales.
Mais tout peut changer aujourd'hui Pero todo puede cambiar hoy,
Et le premier jour du reste de ta vie El primer día del resto de su vida
Plus confidentiel Más personal.
Pourquoi vouloir toujours plus beau ¿Por qué querer siempre algo más bello?
Plus loin plus haut Más lejano, más alto
Et vouloir décrocher la lune Y querer conseguir la luna
Quand on a les étoiles Cuando se tienen las estrellas.
Quand les certitudes s'effondren Cuando las certezas se vienen abajo
En quelques secondes En cuestión de segundos
Sache que du berceau à la tombe Has de saber que desde la cuna a la tuma
C'est dur pour tout l'monde Es igual de duro para todos.
Rester debout mais à quel prix Permanecer en pie, pero a qué precio
Sacrifier son instinct et ses envies Sacrificar el instinto y los deseos
Les plus confidentielles Más íntimos.
Mais tout peut changer aujourd'hui Pero todo puede cambiar hoy
Et le premier jour du reste de ta vie El primer día del resto de su vida
C'est providentiel Es providencial
Debout peu importe le prix De pie, poco importa el precio,
Suivre son instinct et ses envies Seguir su instinto y sus deseos
Les plus essentielles Más esenciales
Tu peux exploser aujourd'hui Hoy puedes explotar
Et le premier jour du reste de ta vie El primer día del resto de su vida
Non accidentel No es accidental
Oui tout peut changer aujourd'hui Sí, hoy todo puede cambiar
Et le premier jour du reste de ta vie El primer día del resto de tu vida
Plus confidentiel Más íntimo
9 de julio de 2010
8 de julio de 2010
7 de julio de 2010
6 de julio de 2010
Hoy
ha soplado el viento, he ayudado a mamá a resolver unos asuntos, sigo sin resolver los míos, casi me parto el dedo meñique del pie izquierdo y no consigo dar con la canción que ahora más me apetece escuchar. C'est la vie.
Nos sentimos protagonistas de todo, incluso de historias en las que no tenemos nada que ver. Nos sentimos aludidos, cuestionados y juzgados siquiera con una frase dirigida a otros y una mirada fuera de lugar. No somos ni actores secundarios; mera circunstancia. Francamente, dudo de que realmente existamos. Dudo de que yo exista de verdad.
5 de julio de 2010
Olvidos rebeldes
Los olvidos me bloquean. Hoy me quedé en blanco intentando teclear el número PIN en el móvil. Hace tres meses fue la contraseña de la fotocopiadora. Y la próxima vez, ¿qué se me olvidará? Quizá la contraseña de la tarjeta o el número de teléfono de mi pareja o tu rostro... Un día me dijo una amiga algo así: Cuando todo falla, hace falta un plan. Pues sí, ahora que todo, incluso la memoria, falla, me hace falta un plan. No sería malo quedarme en blanco completamente y después poder construir desde cero una vida, unos recuerdos. Pero sé que no es así como funciona y sé que no es agradable. Veo a una de las personas que más quiero quedarse en blanco, perder las palabras, perder hasta la mirada en el vacío más absoluto hasta sumirse en la oscuridad, y no puedo soportar el dolor. Solo merece la pena cuando logro arrancarla una sonrisa; cada vez más difícil. No vamos a echarnos a llorar ahora, ¿no?
En fin, sobreviviremos saltando estos huecos cerebrales. Un día sin móvil es más tiempo para disfrutar de uno mismo, en muchos sentidos. Hoy pasé un buen rato de cine y, entre otras cosas, me viene a la cabeza: me gustaba más el canon femenino de antes.
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