Nos sentimos protagonistas de todo, incluso de historias en las que no tenemos nada que ver. Nos sentimos aludidos, cuestionados y juzgados siquiera con una frase dirigida a otros y una mirada fuera de lugar. No somos ni actores secundarios; mera circunstancia. Francamente, dudo de que realmente existamos. Dudo de que yo exista de verdad.
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