Aquí, en mitad de la meseta,
donde acaba el mundo,
el viento sopla del norte
y los hombres acostumbran
a dormir la siesta.
Aquí, donde la tristeza se esconde
en busca de descanso
tocando, suave, con su mano siniestra.
Aquí, a media vela
se siente el polvo acariciando
las piernas
y los gritos de los niños
jugando a carreras
sobre la hierba seca.
Aquí, lejos de todo,
se respiran sueños
y con lo poco que cabe en una maleta
los chicos se hacen hombres
más allá de la margen del río
y de su ribera.
Aquí, en el centro de la tierra,
aún pesan las guerras
y las piedras callan
noches de espera.
Los secretos se hacen llagas
mojadas en vino tinto
aquí, donde el silencio es la respuesta.
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