El otro día llegué con tiempo sobrante a la estación de ferrocarril sin un libro para leer y el mp4 en el fondo de la mochila. No estaba de muy buen humor, un día de esos en los que el vuelo de una mosca demasiado cerca de la oreja me altera. Cuando entré en el vestíbulo vi que había unos paneles en los que se exponían fotografías. Después de comprar el billete me acerqué a verlas. Pertenecían a un concurso relacionado con el ferrocarril como tema en todos sus aspectos. Algunas realmente bellas, me llamaban la atención por su técnica o por su creatividad. Pero una serie compuesta por cinco fotografías polaroid me hizo detenerme un rato más largo, observarlas, repasarlas, leerlas, recordarlas y asimilarlas a mis imágenes. La empatía funciona en toda manifestación artística. Cinco imágenes desenfocadas pero muy evocadoras que narraban un viaje hacia "El día que te conocí", título de la serie. Una historia en cinco instantes caracterizados con una frase manuscrita a pie que uno reconstruye con vivencias similares porque la emoción surge de lo compartido como una sonrisa y el placer de no estar solo. Un viaje en tren de tres horas para encontrar los brazos de alguien esperado recibiéndote al otro lado del objetivo, al otro lado de tus ojos.
Mientras miraba embelesada estas fotografías, un hombre mayor con un acento que no supe identificar me pregunta:
- ¿Qué es, una exposición? - Asiento, me mira un segundo y vuleve a girarse hacia los paneles - Caminos de hierro... Las máquinas de vapor, usted no conoció las másquinas de vapor, ¿verdad? - con una sonrisa pícara.
- Pues yo diría que no... - le devuelvo la sonrisa y bajo los ojos porque me da un poco de vergüenza que me vean.
Yo me quedo repasando las imágenes y él les echa un vistazo por encima. Unos minutos más tarde, está sentado, otro más que espera.Yo me pongo detrás en diagonal, saltando una fila de sillas para mantener la distancia de seguridad, haciendo como que no miro esas botas que lleva que tanto me gustan, ni calculo cuál será su destino, ¿Madrid o Barcelona? Esas botas también me traen recuerdos de unos pasos que no volveré a seguir jamás sea cual sea su destino. Estoy aún un poco obsesionada. Una voz avisa de que el tren que me devuelve a casa va a llegar, así que levanto el culo y me pongo en marcha. Bon voyage.
No hay comentarios:
Publicar un comentario