Me gusta escuchar palabras en otras lenguas, pronunciar con rasgos marcados letras de otra tierra. Disfruto escuchando a quienes entiendo y a quienes no entiendo y, aunque me intentaras liar con razones que entiendo y, aún, no comprendo, me gustan los no-castellanoparlantes y los bilingües acérrimos. Lo que ya no me gusta es creer las mentiras que me tragué y no digiero. En fin...
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