Los que viajamos en dirección al oeste lo hacemos de espaldas, confiando en no chocar, en que no se nos claven puñales, ni espadas, ni balas; nos hemos acostumbrado a hacer frente al Sol. Ver moverse al mundo concentrados en lo que ya pasó y continuar vivo es un ejercicio de primeros auxilios: insuflar aire a unos pulmones que se llenaron de alientos usados y hojas caídas y hombres sin cara y piedras pisadas por unos talones que ya no se fían de los dedos de sus pies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario