7 de junio de 2010

Tocada

Caminó en línea recta hasta que dejó de ver gente y buscó un lugar donde poder sentarse. Al ritmo de las nubes en verano dejó descansar su cuerpo agotado sobre en banco de fría piedra y apoyo su mano sobre la mesa de madera recorriendo con los dedos índice y corazón la superficie áspera y astillada. Con los ojos abiertos, se estremecía sintiendo las palabras atravesarla en todas las direcciones, abriendo grietas que se cerraban para volver a ser rasgadas minutos después causándola un intenso dolor. Como se lastima a un ser inmortal. Durante un segundo, se dobló como una hoja de hierba al ser pisada y cayó en la superficie de madera arañandose el pómulo izquierdo en el roce con las astillas que se clavaron en su piel. Se irguió y palpó el rostro irritado con indiferencia mientras con la otra mano apretaba fuerte el billete de tren del día siguiente. Al incorporarse, la más absoluta debilidad se apoderó de sus piernas, de sus brazos , de su cuello. Un silencio inmenso antes vaciarse por completo y echar de nuevo a andar.

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