Estaba en casa de mi madre pasando un rato y charlando con ella, dando besos a mi abuela que ya ni siquiera me sabe devolver; me quedé menos de un segundo mirando la puerta y estuve a punto de preguntarle qué tal el abuelo. Me mareé al darme cuenta de que hacía más de tres años que había muerto. Es increíble cómo el cerebro a veces te devuelve a momentos del pasado como si se hubiera detenido el tiempo. Estuve al borde de pronunciar esas palabras, al límite, casi las tenía entre los labios cuando me detuve y sentí miedo al pensar qué hubiera pasado si lo hubiera hecho. Demasiado están sufriendo ya para además añadir la preocupación de que sepa que no puedo olvidarlo, que se me hace demasiado grande y que en mi cabeza no para de dar vueltas todo el dolor acumulado durante años. Todo el dolor que me tiene paralizada.
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