28 de junio de 2010
Último día rumbo a la ciudad de acogida de este curso. Se encoge un poco el corazón cuando se da cuenta de que deja atrás etapas sin estar preparado para las siguientes. Se encoge un poco el corazón pensando en las despedidas; en los agradecimientos que jamás sabrás expresar con palabras. Todos los años me llevo buenos recuerdos y admiración por algunas personas. Este año a la admiración se suma un profundo cariño próximo e íntimo, como se tiene por la familia de acogida que te ha sabido querer con todos tus defectos, sin compartir sangre ni antepasados, pero con todo un futuro juntos por delante...
22 de junio de 2010
Juro que a veces no doy crédito a lo que veo y a lo que oigo. Se me habrá marchitado el cerebro. Sí, debe de ser eso, porque soy incapaz de encontrar relaciones lógicas entre algunos acontecimientos. Y debe haberlas, pero... No me da el cerebro, eso es todo.
Hace años me contaron una anécdota, y siempre la tengo en la punta de la lengua en estos casos; es ya como una muletilla. Ahí va resumida: Había un tipo que frecuentaba un bar bastante sórdido al que ibamos cuando éramos adolescentes y teníamos casi tan poco dinero como vergüenza. El tipo en cuestión era de esos que la gente define con esa genial frase de "era muy listo pero se pasó de vueltas". Este caballerete al que ahora ni soy capaz de poner cara - el tiempo pasa y no vuelve - un día de Navidad estaba en casa con la familia, y, de repente, dijo en voz alta: Estoy flipando y me voy volando. [ No puedo evitar las carcajadas, así que si me tuerzo al escribir o se entiende mal mi letra... que dios me perdone]. Pronunció estas palabras y acto seguido saltó por la ventana. Y se ve que a cada uno le toca la suerte de una manera, porque a este le bendijo viviendo en un primero.
Cada vez que estoy harta, trastornada porque la situación me desborda, porque me doy cuenta de que todo es absurdo; cuando me dan ganas de desaparer completamente, de desintegrarme o de convertirme en sal y disolverme en agua para convertirme en nada por mí misma... se me viene a la punta de la lengua: estoy flipando y me voy volando. Suerte que con algo tan simple pueda sacarme yo sola una sonrisa y volver a poner en marcha el motor.
20 de junio de 2010
Oposiciones
Ahora me gustaría saber cuándo y quién me metió la estúpida idea de opositar en la cabeza. Le patearía el trasero con fuerza y ganas. Soy una negada absoluta para resolver satisfactoriamente cualquier prueba de selección, lo que me deja en una situación bastante complicada en lo que se refiere al mundo laboral. Lástima no estar forrada de pasta desde el día en que nací; seguiría intentándolo, seguro, pero al menos podría pasarles por el hocico un billete de quinientos euros (¿esos existen?) a los que me miran con condescendencia cuando digo que no me he preparado el examen, ni quiero, ni lo intento. Es una cruz decidir no hacer algo y, sin embargo, hacerlo. Aunque sea sólo lo justo para salir del paso con más pena que gloria, aunque sólo sea firmar, aunque sólo sea decir "presente" cuando gritan tu nombre y apellidos en mitad de una multitud armada con una lista de nombres, boli, mirada de autosuficiencia y pendientes de perla. Joder, otro año a ver las mismas caras.
Ojalá pase todo pronto y lo pueda borrar de mi cabeza con un par de tragos. En un par de meses, cambio de planes. Hay que comenzar a tomarse la vida en serio y algún día dejar de huir de estas malditas oposiciones.
19 de junio de 2010
Secuelas
Para que todo el año pasado no quede en el olvido, no se convierta en un sueño borroso de recuerdos seleccionados bajo criterios subjetivos, me ha quedado una curiosa marca física imperceptible si no se emplea un tinte fluorescente y una lente especial. Es una pequeñísima cicatriz en la córnea del ojo izquierdo. Cuando sale el sol, necesito encontrar con urgencia mis gafas oscuras en el bolso porque noto una sensibilidad que antes desconocía a los rayos de luz. Cuando me pongo nerviosa o me angustio, y esto ocurre con demasiada frecuencia, la neuralgia me ataca con un punzante dolor que va desde el interior del ojo hasta las ramificaciones nerviosas que se extienden por el lado superior y lateral izquierdo de mi cabeza alcanzando en los casos más agudos el oído. Cuando estoy triste y comienzan a brotar las lágrimas, desde hace exactamente un año, siento un escozor lacerante que me recuerda que no sólo me duele el alma, sino también uno de los dos órganos por donde entran gran parte de las imágenes de un mundo que a tiempos me fascina y a tiempos me mata.
Esta herida daré en denominarla desde hoy y en la intimidad herida de guerra, porque a veces la enfermedad es un arma y porque algunos nos pensamos o nos sentimos en guerra. Con sus acuerdos, con sus luchas, con sus bajas, con amnistías que se firman y se incumplen, con sus tiempos de paz y sus ilusiones de transición, de cambio. Porque a veces no sabes si el enemigo está aquí dentro o ahí fuera, pero nos mantenemos alerta sabiendo que las bombas pueden comenzar a caer sobre nuestras cabezas en cualquier momento y debemos tener un puñado de estrategias que poner en práctica antes de contemplar la rendición, la última de las tácticas de ataque contra uno mismo.
Y que quede claro: ni en la vida ni en la guerra ni en el amor todo vale. Pero todo, todo deja secuelas.
13 de junio de 2010
Espera un poco más
Te quiero por la forma en que me cubres con una manta cuando me hago la dormida en el sofá para conseguir quedarme sola. Me muero de la risa cuando te acercas mucho para darme un beso en la mejilla creyéndome en sueños y yo te pego un susto de esos que te hacen temblar unos segundos; me encanta como tus labios se abren en sonrisa al saber que yo siempre te voy a pillar.
Te quiero aunque a veces tenga que salir corriendo y nunca sepa si esta vez ya no volveré. Dame tiempo para amarte, que las dudas siempre han marcado mi vida. Si algún día puedo ser feliz, sería precioso que fuera junto a ti y nuestro precioso bebé.
Hoy te echo de menos en mi cama y me abrazo a las sábanas que aún huelen a ti y a mí fundidos en los abrazos y besos de esta tarde. Piel con piel. Necesito tus palabras de cariño y esa sensación tan hermosa de estar junto a alguien que cuanto más me conoce más me ama y que sabe estar lejos de mí sin olvidarme, acurrucándose cada viernes entre mis brazos feliz por volver a verme.
Gracias por todo lo que deseas vivir junto a mí.
Te quiero aunque a veces tenga que salir corriendo y nunca sepa si esta vez ya no volveré. Dame tiempo para amarte, que las dudas siempre han marcado mi vida. Si algún día puedo ser feliz, sería precioso que fuera junto a ti y nuestro precioso bebé.
Hoy te echo de menos en mi cama y me abrazo a las sábanas que aún huelen a ti y a mí fundidos en los abrazos y besos de esta tarde. Piel con piel. Necesito tus palabras de cariño y esa sensación tan hermosa de estar junto a alguien que cuanto más me conoce más me ama y que sabe estar lejos de mí sin olvidarme, acurrucándose cada viernes entre mis brazos feliz por volver a verme.
Gracias por todo lo que deseas vivir junto a mí.
12 de junio de 2010
11 de junio de 2010
Palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, mierda; mierda y más mierda llenando el aire sagrado de polución y basura verbal. Debo correr lejos de quienes hablan demasiado, de quienes lo hacen lentamente para rellenar el tiempo que no les pertenece. Me odio cuando invado el espacio con monólogos desestructurados y muestro mi confusión. Sólo silencio por hoy; sólo el olor de la lluvia y el sonido de sus gotas contra el suelo de piedra y la piel.
Necesidad de mostrar nada y de romper a correr.
Necesidad de mostrar nada y de romper a correr.
10 de junio de 2010
Estaba en casa de mi madre pasando un rato y charlando con ella, dando besos a mi abuela que ya ni siquiera me sabe devolver; me quedé menos de un segundo mirando la puerta y estuve a punto de preguntarle qué tal el abuelo. Me mareé al darme cuenta de que hacía más de tres años que había muerto. Es increíble cómo el cerebro a veces te devuelve a momentos del pasado como si se hubiera detenido el tiempo. Estuve al borde de pronunciar esas palabras, al límite, casi las tenía entre los labios cuando me detuve y sentí miedo al pensar qué hubiera pasado si lo hubiera hecho. Demasiado están sufriendo ya para además añadir la preocupación de que sepa que no puedo olvidarlo, que se me hace demasiado grande y que en mi cabeza no para de dar vueltas todo el dolor acumulado durante años. Todo el dolor que me tiene paralizada.
7 de junio de 2010
Tocada
Caminó en línea recta hasta que dejó de ver gente y buscó un lugar donde poder sentarse. Al ritmo de las nubes en verano dejó descansar su cuerpo agotado sobre en banco de fría piedra y apoyo su mano sobre la mesa de madera recorriendo con los dedos índice y corazón la superficie áspera y astillada. Con los ojos abiertos, se estremecía sintiendo las palabras atravesarla en todas las direcciones, abriendo grietas que se cerraban para volver a ser rasgadas minutos después causándola un intenso dolor. Como se lastima a un ser inmortal. Durante un segundo, se dobló como una hoja de hierba al ser pisada y cayó en la superficie de madera arañandose el pómulo izquierdo en el roce con las astillas que se clavaron en su piel. Se irguió y palpó el rostro irritado con indiferencia mientras con la otra mano apretaba fuerte el billete de tren del día siguiente. Al incorporarse, la más absoluta debilidad se apoderó de sus piernas, de sus brazos , de su cuello. Un silencio inmenso antes vaciarse por completo y echar de nuevo a andar.
6 de junio de 2010
3 de junio de 2010
(Per)turbaciones
Me gustan los créditos al principio de la cinta; me gusta el cine en pantalla grande, rodeada de extraños, y las películas en mi televisor de diecinueve pulgadas. Me gusta pensar en qué ropa ponerme cuando la ocasión no lo exige y cambiarme de peinado al mirarme en cada uno de los cuatro espejos de mi casa de cuarenta metros cuadrados. Me gusta pasear sola por la orilla del río los domingos a las diez de la mañana y hacerlo dados de la mano a cualquier hora si me das un beso al pararnos en el semáforo. Me gusta la gente que se muere de ganas aun sabiendo que la vida está llena de insatisfacciones. Me gusta que sonrías, que te rompas de la risa, que me abraces fuerte fuerte y que te dejes abrazar; que disfrutes, que seas feliz, que me quieras o no me quieras; que estés lejos, mejor que cerca y en guerra; que te tomes el café con quien tú quieras. Y ya es un sueño si, por un segundo, te pasan nuestros recuerdos por la cabeza.
Me gusta escuchar versiones de canciones, de opiniones, de ficciones, de rayos que caen. Me gusta hacer las cosas con tiempo, pero me pone más hacerlas genial. Me gusta gustar y desagradar; me gusta repetirme y escucharme, rectificar, llorar y reírme de mis locuras. Me gusta escribir canciones, aunque jamás lo he hecho, y es que hay cosas que siquiera rozándolas en sueños, se convierten en pasión.
Me gusta sentir cariño por tantas y tantos y tantas cosas que no encuentro sitio en los cajones de mi corazón para guardar las miles de notas que recogen los momentos más dulces que me regalaron con lazo de oro y los que están por venir. Me gusta esperar que todo se arregle poniéndole empeño, fumándome el tiempo y bebiendo en silencio mientras leo el pasado en los posos del mar. Pero sobre todo, sobre todas las cosas, me gustaba esperarte, juguetar con tu pelo, encontrarnos a tientas trenzando susurros y tener la certeza de que algo tan bello jamás desaparece porque no tiene fin. Y no, no tiene fin.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

