17 de diciembre de 2011

Efecto meteorológico

Este viento va a terminar conmigo. Creí que me podría acostumbrar - a todo se acostumbra uno, me decía - pero ya no tengo tan claro que esto sea así. Cuando no son noches en vela escuchando como remueve las persianas y silba con una fuerza, al menos para mí, desconocida, son días de angustia que vuelven a concluir con noches, esta vez de taquicardias. Nunca había sentido latir mi corazón tan fuerte. Me latía en la cabeza, como si esta fuera a explotar. Angustia.
No vamos a decir que todo mi problema sea el viento, ojalá; no vamos a mentir, que para eso es mejor encender la tele. Pero ¿me afecta? Joder, pues sí, y mucho. Empiezo a pensar que los caballeros románticos nunca pasearon por un cementerio a media noche, nunca navegaron mar adentro, nunca velaron la agonía de la muerte próxima. O quizá sí... Bueno, pero esto es otra cosa. Esto es el viento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario