Hay recuerdos que son como las hojas de lechuga: están un poco mustias, pero si las echas en agua parecen recobrar algo de la vitalidad perdida. Aunque ya no volverán a ser lo que fueron en la plenitud de su sustancia. Algunos recuerdos fueron una llamarada cuando nacieron como impresiones sentidas con cada uno de los sentidos. Y fue el paso del tiempo y de los acontecimientos y de la razón y de los mecanismos de autoprotección, los que redujeron el ardor tras limpiar las cenizas.
Cómo odié esta canción. Cómo me prohibí escucharla. Cómo cargué mi boca con palabras que jamás debieron ser ni pensadas... Y ahora, no sé si debo decirlo pero... Ahora sí, ahora me importa todo una mierda, pese a que aún parece que el agua o el viento puede hacer que algunos recuerdos recobren parte de la vitalidad perdida. Sin embargo, sé que pronto sus palabras irán desnudándose, dejándo un rastro de viejas connotaciones que quemaré con la misma cerilla con la que enciendo este último cigarro. Un camino de pequeñas hogueras me llevará, cuando llueva y el agua me empape, hasta la cama deshecha donde oiré su voz penetrándome con palabras que ya no me recordarán nada con dolor.

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