30 de enero de 2010

Adios, Salinger

Cuando pregunté qué les había parecido El guardián entre el centeno, por primera vez se pusieron todos de acuerdo: Ese tío es un gilipollas. Como a veces ando con la mala leche en la punta de la lengua, tuve que responderles: Claro, es clavadito a la mayoría de vosotros... Dicha con una sonrisa en los labios, les pareció una afirmación de lo más simpática y reconocieron que era cierto.

No es extraño, porque no soy muy espabilada, pero creía que Salinger hacía años que había muerto. Seguramente ahora muchos te querrán sacar de tu silencio. Otros, simplemente, volveremos a encerrarnos en el cuarto con tus textos y con el muchacho que algún día fuimos (a ratos, somos).

Hasta que volvamos a vernos.

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