31 de enero de 2010

Phantasmagoria in two



If a fiddler played you a song, my love
And if I gave you a wheel
Would you spin for my heart and loneliness
Would you spin for my love

If I gave up all of my pride for you
And only loved you for now
Would you hide my fears and never say
"tomorrow I must go"

Everywhere there’s rain my love
Everywhere there’s fear

If you tell me a lie I’ll cry for you
Tell me of sin and I’ll laugh
If you tell me of all the pain you’ve had
I’ll never smile again

Everywhere there’s rain my love
Everywhere there’s fear

I can plainly see that our parts have changed
Our sands are shifting around
Need I beg to you for one more day
To find our lonely love

Everywhere there’s rain my love
Everywhere there’s fear

Nadando

A veces, cuando hace mucho frío, me arde la cara. El viento irrita mi piel y me hace sentir ásperas hasta las más tiernas caricias. En este invierno duro y desafiante temo no encontrar la calma que hallé antaño al tacto de aquella piel tan suave. Pero quién sabe...

Los días de vientos huracanados, la nieve cubriendo las calles, la lluvia empapando mi abrigo cada mañana en ese largo paseo hasta el trabajo, nos han hecho más fuertes y han conseguido reconciliarnos con el suelo que pisamos. Con el cielo que soñamos.

Al calor del abrazo de un amigo con quien las palabras no pronunciadas se transforman en gestos de cariño espontáneos, pensé en este invierno. Cuando llegue el deshielo, los grandes ríos y todos sus afluentes se verán desbordados. Quizá en primavera podamos atravesar todo el territorio en nuestro barquito de vela y descansar del viaje tomando café en alguna terraza de nuestra nueva Venecia. Quién sabe...

30 de enero de 2010

Adios, Salinger

Cuando pregunté qué les había parecido El guardián entre el centeno, por primera vez se pusieron todos de acuerdo: Ese tío es un gilipollas. Como a veces ando con la mala leche en la punta de la lengua, tuve que responderles: Claro, es clavadito a la mayoría de vosotros... Dicha con una sonrisa en los labios, les pareció una afirmación de lo más simpática y reconocieron que era cierto.

No es extraño, porque no soy muy espabilada, pero creía que Salinger hacía años que había muerto. Seguramente ahora muchos te querrán sacar de tu silencio. Otros, simplemente, volveremos a encerrarnos en el cuarto con tus textos y con el muchacho que algún día fuimos (a ratos, somos).

Hasta que volvamos a vernos.

27 de enero de 2010

"El poder de la palabra para deshacer los significados establecidos es, sin duda alguna, un poder subversivo y liberador"


Estas palabras del filósofo Jose Luis Pardo son citadas por Antonio Gamoneda en una interesante conferencia que el poeta pronunció con motivo del VIII Congreso de Escritores de España. Merece la pena leer dicha conferencia cuyo título es "Pensamiento y poesía". El concepto de poesía que expone es profundo, honesto y, sobre todo, necesario.



[Gracias por la referencia, M. Lo demás lo hablamos con un café calentito, que buena falta hace en estos días.]

25 de enero de 2010

Recuerdos

Hay recuerdos que son como las hojas de lechuga: están un poco mustias, pero si las echas en agua parecen recobrar algo de la vitalidad perdida. Aunque ya no volverán a ser lo que fueron en la plenitud de su sustancia. Algunos recuerdos fueron una llamarada cuando nacieron como impresiones sentidas con cada uno de los sentidos. Y fue el paso del tiempo y de los acontecimientos y de la razón y de los mecanismos de autoprotección, los que redujeron el ardor tras limpiar las cenizas.

Cómo odié esta canción. Cómo me prohibí escucharla. Cómo cargué mi boca con palabras que jamás debieron ser ni pensadas... Y ahora, no sé si debo decirlo pero... Ahora sí, ahora me importa todo una mierda, pese a que aún parece que el agua o el viento puede hacer que algunos recuerdos recobren parte de la vitalidad perdida. Sin embargo, sé que pronto sus palabras irán desnudándose, dejándo un rastro de viejas connotaciones que quemaré con la misma cerilla con la que enciendo este último cigarro. Un camino de pequeñas hogueras me llevará, cuando llueva y el agua me empape, hasta la cama deshecha donde oiré su voz penetrándome con palabras que ya no me recordarán nada con dolor.



Wicked Game

The world was on fire no-one could save me but you
Strange what desire will make foolish people do
I never dreamed that I'd meet somebody like you
I never dreamed that I'd loose somebody like you

No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
With you
With you
(This world is only gonna break your heart)

What a wicked game to play to make me feel this way
What a wicked thing to do to let me dream of you
What a wicked thing to say you never felt this way
What a wicked thing to do to make me dream of you

And I wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
No, I wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
With you

The world was on fire no-one could save me but you
Strange what desire will make foolish people do
I never dreamed that I'd love somebody like you
I never dreamed that I'd loose somebody like you

No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
With you
(this world is only gonna break your heart)
With you
(This world is only gonna break your heart)
No, I…
(This world is only gonna break your heart)
(This world is only gonna break your heart)

Nobody loves no-one

Chris Isaak



Lectura

Leyendo algunos poemas de Ángel González en voz alta sentí cómo me temblaba la voz. El público eran veinte chicos jóvenes con los que acostumbro a tratar. Hace tiempo que perdí la vergüenza en su compañía. No sé muy bien qué me hizo sentirme tan vulnerable en aquel momento, lo cierto es que, al comenzar a repasar las palabras con mis ojos segundos antes de empezar a hablar, ya noté aquel temblor en mi interior. El primer poema lo leí rápido, un poco asustada. El segundo, el que aparece más abajo en la entrada que le dedico, pude recitarlo como si nadie me escuchara, como si habláramos de corazón a corazón. Y fue al terminar de pronunciar la última palabra cuando me quedé sin voz. Quería hablarles de algunas cosas, pero estuve unos segundos paralizada. Sabía que ellos no comprendían aquello. Escuchaban con atención pero sólo les llegaba una leve emoción que no sabían identificar con claridad ni sentir en profundidad. No son algunos textos para recitar en voz alta, sino para saborear en silencio, en soledad y en la cama.

Al encontrar Otoño y otras luces me ilusioné. Llevaba tiempo queriendo retomar la lírica, ponerla de nuevo en el lugar que había tenido en mi vida años atrás. Comencé leyendo textos de esos que se estudian en la Historia de la Literatura más canónica y después viajando, saltando, de un poeta a otro con la curiosidad de una muchacha de dieciséis años que siente estar descubriendo sola y sin guía el mundo. Textos manoseados, páginas que parecían no haber sido jamás tocadas, ediciones bilingües, letras obscenas, seriedad y espacios en blanco. Sorteando con palabras mis silencios y guardando emociones como secretos fui llenando horas. Devoré algunos textos y volví al estudio. Pasé de la lectura caóticamente reflexiva al comentario ordenado por niveles. Incluso con un orden premeditado se dejan llevar mis trabajos por la espontaneidad y la intuición (así parece que lo reconocieron algunos que asistieron a aquellos textos a veces creo que regados de ensoñaciones). Durante años apenas pude acercarme a un libro sin ponerme a prueba y mis miedos hicieron que me alejara poco a poco de lo que deseé que fuera mi vida.

Ahora, al encontrar Otoño y otras luces, al leerlo en silencio cubierta por las sábanas de una cama alquilada por motivos de trabajo, siento que vuelvo a encontrar algo a lo que agarrarme para retomar la búsqueda. Aún temo carecer de sensibilidad para saber apreciar la lírica; aún temo ser demasiado tonta y no entender nada de lo que leo; aún temo que este bloqueo mental y vital al que me enfrento no sea vencido nunca. Pero si hay un arma que me pueda ser útil en esta lucha, ésa es la literatura. Estoy segura.


[Cuando leí aquellos poemas ante mi público adolescente alguno me dijo que me emocionaba porque me acordaba de mi pareja. Lástima que se equivoque tanto. Pero eso es otra historia.]

24 de enero de 2010

Sueños y perros

Anoche soñé con perros hambrientos a la orilla del mar. Rodeaban un cadáver que acababa de ser arrastrado por la marea y depositado sobre la arena como por unas delicadas manos de espuma blanca. El cuerpo lívido aparecía parcialmente cubierto por un vestido nuevo, recién sacado del armario para una ocasión especial. Ahora, completamente empapado, se ceñía al cuerpo en un abrazo protector. El rostro se ocultaba tras largos mechones húmedos y enredados; en los labios entreabiertos, una palabra a medio pronunciar; en las mejillas, aún el recuerdo de un rubor tenue; sobre el cuello, la señal difuminada de un beso dado con devoción y esmero.

Anoche soñé con perros hambrientos que rodeaban un cuerpo muerto tendido sobre un manto de arena y sal. Sus manos escondían algo sobre lo que los perros posaban sus miradas. Entre los dedos sin vida podía entreverse un papel mojado. La tinta negra que había dibujado trazos perfectos en algún momento no muy lejano ahora se escurría por los renglones en una especie de llanto incontenido de cada una de las palabras. Sin poder leer ni una sola de las pocas frases que entre arrugas se intuían, me sentí caer. Caer en un profundo abismo de dolor y miedo. Descender desde mi cama, y aún envuelta sólo por las sábanas, hasta la entrada del lugar oscuro donde habita la pena…


…Como si hubiera sido arrastrada también por la corriente o empujada por una ráfaga de viento, me vi sobre la misma playa acercándome a cuatro patas a aquel círculo de perros hambrientos. Me vi entre ellos y sentí un calor inmenso que me llevó hasta el desvanecimiento. Al recuperar la visión pude contemplar los ojos de aquellos animales de pelo oscuro llenos de lágrimas e inspiré todo el aire que nos rodeaba al notar sobre mí sus solemnes miradas.

También un nombre puede modificar un cuerpo

Si te llamaras Elvira,
tu vientre sería aún más terso y con más nácar.
Pero tan sólo el nombre de Mercedes
depositado por mis labios en tu cintura
condensaría la forma de esa espuma indecisa
que recorre tu espalda cuando duermes de bruces.
Respóndeme cuando te diga: Olga
y verás que en tus pechos un rubor palidece.
El nombre de María te volvería traslúcida.
Guarda silencio si te llamara por un nombre
que no pronuncio nunca,
porque si entonces respondieses
tus ojos -y los míos- se anegarían en llanto.
Un prueba final;
cuando sonríes
te pienso Irene,
y la sonrisa tuya es más que tu sonrisa:
amanece sin sombras la alegría del mundo.
¿Y si te llamo como tú me llamas...?
Entonces
descubriría una verdad:
en el principio no era el verbo.
El nácar y la espuma,
la palidez rosada,
la trasparencia, el llanto, la alegría:
todo estaba ya en ti.
Los nombres que te invento no te crean.
Sólo
-a veces
son como luz los nombres...-
te iluminan.
                                Ángel González



17 de enero de 2010





Place to be

When I was young, younger than before
I never saw the truth hanging from the door
And now I'm older see it face to face
And now I'm older gotta get up clean the place.

And I was green, greener than the hill
Where the flowers grew and the sun shone still
Now I'm darker than the deepest sea
Just hand me down, give me a place to be.

And I was strong, strong in the sun
I thought I'd see when day is done
Now I'm weaker than the palest blue
Oh, so weak in this need for you.

Nick Drake
Inmensas lagunas oceánicas ahogan recuerdos repletos de engaños.