Se me ha ido el santo al cielo pensando en el color de tus mejillas y tus párpados hinchados de tercipelo. No me encuentro la cabeza para pensar en nada que no huela a tu piel acariciada por el agua o a cabello húmedo rozando tu nuca y mi almohada. Será que añoro tu sonrisa y mi inocencia y hasta las palabras no pronunciadas. Será que el tiempo se echa encima y tú estás tan lejos que se me marcha el sentimiento a buscar el timbre de la puerta que quiero que abras. Quizá, será que te echo en falta y no hay remedio, solo un corazoncito que se sonríe cuando a media tarde me llamas.
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