Después de un intento de siesta con la imágen del indeseable Gadafi muerto en modo bucle en la pantalla, una se siente de todo menos descansada. Me produce un enorme malestar ver imágenes de tal violencia real. Pero no es una cuestión de hipócresía: está bien muerto, pero no quiero ser cómplice viéndolo y complaciéndome. Me gustaría ver a estos seres juzgados y encerrados. De un ser tan miserable considero más valiosa su libertad que su vida. Hiere mi sensibilidad, no puedo evitarlo. Supongo que no he hecho hueco para tanto odio dentro de mí. No me caben las ejecuciones, la pena de muerte, la guerra, los asesinatos, las violaciones... Y pese a todo, no se puede negar: millones de ciudadanos de todo el mundo no echaremos de menos ni a Gadafi, ni a Bin Laden, ni a Hitler, ni a Franco... Este último cabrón murió en la cama como una injusta victoria. Me niego a olvidar, debo mi memoria al recuerdo de los que perdieron la suya.
Otra noticia revuelve hoy las redacciones: el comunicado de ETA. Aquí, por ejemplo. Muchos estamos hartos de decepciones y no sé de dónde sacamos ánimo para seguir ilusionándonos y confiando en la razón. Y hoy, me siento contenta por ver a unos tipos encapuchados anunciando el cese de la lucha armada. Una pizca de sarcasmo va bien al tomate frito de los macarrones con chorizo. Ya era hora. Obviamente, que algunos a los que no nos va nada en ello hayamos discutido con amigos y familiares por defender la libertad de los que no piensan como nosotros, supone poco en algo tan grande. Pero actos como este - habrá de darse un poco de tiempo y dejar que las palabras ocupen su campo - justifican malos ratos e inseguridades. Que no nos quiten la voz ni los unos ni los otros, para esto sí que me protejo la voz por si hay que alzarla, advierto.
Pese a lo que la actualidad y las prisas del siglo XXI mandan, hoy solo es día para decir, que opinar con criterio vendrá mañana. No huele a un mundo perfecto, pero algunas cosas van cambiando:
Imágenes tomadas en la manifestación de Bilbao del 15 de octubre
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