18 de enero de 2011

Nocturno

"He tenido que levantarme y, después de días sin fumar, liarme un cigarrillo, agarrar el cuaderno y un bolígrafo y empezar a echar tinta sobre papel cuadriculado. Enredarme en interminables diálogos imaginados tumbada sola en la cama puede acabar en las seis de la mañana con los ojos abiertos, y a esa hora tengo que levantarme para comenzar a andar el día. Qué te voy a contar que aún no sepas... Sé que me vas a decir que es lo de siempre, que tengo que inventarme un sueño nuevo, que dediqué mucho tiempo a pensar en lo mismo y ahora es difícil desengancharse. Ya tengo millones de conexiones neuronales especializadas en este tema y cuesta romper lazos tan fuertes.

No hay nada especial en esta noche, pero verás, sigo sorprendiéndome cuando después de tanto tiempo me pasan estas cosas. Estaba charlando otra vez con ese personaje imaginario del que te hablé, explicándole cómo conseguí reconstruir mi vida, cómo dejé de estar paralizada y empecé a correr para ganarle terreno al tiempo perdido. Mientras me recreaba en la defensa de mis victorias, tuve que echar mano del pasado - ¿de qué otra manera podría dar verosimilitud a mi historia - y me tropecé con un recuerdo que podía usar como ejemplo de otras muchas mentiras que me atormentaron y me arrastraron al fracaso. ¡Dios!, he roto a llorar, rota otra vez, por un momento; he tenido la sensación de que realmente el dolor y el amor habitan en el corazón y no en el cerebro, en contra de lo que tantas veces me y te repito. Siempre es extraño aunque siempre sea lo mismo: una imagen vuelve a la memoria vívida y ardiente; al instante, calor, al tiempo que los músculos del pecho se contraen para inmediatamente abrirse en un espasmo dejando escapar un aullido de dolor que sale de lo más profundo del pecho, que se convierte en lágrimas brotando de unos ojos apretados con fuerza como queriendo hundirse para siempre. Esto puede durar segundos, como hoy; o meses, como antaño. ¡Vaya, como duele! La sensación que me ha quedado es que se abría una brecha mal cerrada en este mi corazón que temo algún día acabe parándose para siempre. Lamento recurrir a una imagen tan manida, pero…

No sé si me explico bien, ni siquiera me siento capaz de ello, y aún así sé que tú siempre me entiendes, incluso cuando no encuentro las palabras. Necesitaba tenerte cerca en este momento, boca a boca.

No hay por qué preocuparse, no creo que esto sea una recaída, sólo, como he dicho antes, un tropiezo; a ver si con algo más de tiempo se acaban los pensamientos firmados con llanto, que ya cansa. Y sí, te haré caso de nuevo: volveré a la cama para crear un sueño nuevo, otra historia; aunque antes me gustaría enviar lejos a los viejos personajes usados, a algún sitio en el que tengan difícil escaparse. Quizá al olvido… Quizá no hoy. Quizá mañana…"

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