24 de enero de 2011

24 de enero

Hoy han dicho que un tipo afirma que es el día más triste del año, y me he preparado a seguir la corriente al mundo... Pero nada de nada. Puede que haya llenado el tarro de las desazones en estos meses o que no me crea nada de lo que cuentan la mayoría de los medios de comunicación: escándalos en el deporte y en los aeropuertos que hacen gritar a algunas mujeres y hombres "¡Viva la militarización! ¡Viva la contundencia de nuestro gobierno!" (sutilmente intenté explicarles que si algún día se nos ocurriera la loca idea de movilizáranos y exigir un cambio profundo en esta sociedad, seríamos nosotros los reprimidos con igual contundencia independientemente de lo diferentes que puedan ser nuestros motivos... sutilmente, porque temí que me apedrearan); detenciones de personas que pasan meses en prisión preventiva sin que entendamos muy bien por qué, ¿por organizar talleres o defender su forma de ver el mundo con palabras dichas en voz alta?, pero sirven para llenar los periódicos con nombres y esfuerzo por mantener nuestro estado de derecho y bienestar (uy, se me ha llenado la boca de baba de repente); movilizaciones de trabajadores a los que recortan sus derechos y que conocemos, más o menos, un mes después porque alguien ha agredido a un representante político (este tema es de mis favoritos gracias a una amiga no-periodista que me va poniendo al día); y yo qué sé cuantas historias más que me tienen confundida y harta y enfadada y revuelta. 

Aún así, hoy no consigo estar triste, más bien melancólica. Hoy cumpliría años alguien a quien quiero hasta el infinito; alguien a quien admiro y se fue, porque todos nos vamos aunque no tengamos ganas ni hayamos dejado de luchar. Ahora ya sólo queda una persona en el mundo con tus mismos apellidos y cuando también desaparezca, y aunque siempre estarán nuestros recuerdos... el mundo de las palabras habrá perdido un nombre de esos que no se inventan, uno de esos que nacen de la propia tierra.

Echo de menos las charlas con él. Ahora mismo estaríamos empezando a alzar el volumen despotricando contra tanto engaño y tanto tragador; recordando alguna anécdota de la infancia, de la guerra, y acabando con algún comentario simpático para que no se me hiciera la vida tan grave. Tan bueno y tan poco comprendido.Deseando vivir hasta el último momento a su manera. Hablado todo ya con Dios y con los hombres, tienes razón, no hubo necesidad de confesarse.

En un día tan triste para el mundo por ser lunes, fin de mes, por no tener dinero en la cuenta después de los días de fiesta, por no ser capaz de dejar de fumar... yo estoy contenta por no haber olvidado a quien con poco podía ser feliz, por echar lágrimas sólo pensándole, por tener inspiración en mi propio nombre. Hazme toc toc esta noche en sueños, me gustaría felicitarte.   

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