9 de enero de 2011

Diría 1 el día 9

Los primeros días de este año han ido pasando entre paredes y ya no recuerdo bien cómo era la luz del sol; eso sí, doy gracias a Iberdrola por no haberme cortado el suministro eléctrico, de momento... Gracias por estas facturas cada día más lucidas [mi abuela siempre utilizaba este bonito adjetivo como eufemismo  de "gorrrrrrrda" hermosa, ahora mi abuela ya no sabe hablar]. Ahora, exactamente ahora a las 2.30 de la madrugada de no sé muy bien qué día, parece que mejora el gripazo que me ha tenido zombi desde el día 1 de esta nueva década. Han sido días sin reloj, con sueños a media mañana de calles vacías y carreras desquiciadas, noches de ahogo en una habitación que parecía un bar: libre de humo; mucha tele, bastantes pelis, algo de cine, poca lectura, demasiados gritos para tanta fiebre... No he disfrutado estas vacaciones largas y extrañas, pero las doy por buenas si me sirven para retomar con ganas la vida diaria que comenzará mañana, cuando despierte.

Hay un montón de cosas de las que me gustaría hablar, sin embargo, mi cerebro aún no da para ello, y a veces temo que deje de dar. En realidad estoy tan triste... por cosas que leo y escucho, por una historia que estamos haciendo con mentiras, por querer encontrar la verdad y no saber dónde empezar a buscar. En momentos como estos (y siempre) me saca felicidad del cuerpo el escuchar y leer a personas (leer es a veces poner voz interior de otros) con opinión y emociones de esas que recuerdan a humanidad y civilización de verdad: él y él. Y un apunte más: me siento reconciliada con Savater después de oírle el otro día hablar en la 2 (magnífica televisión pública, al menos algo por lo que alegrarse al encender la televisión).

También decía mi abuela: ¡Qué cosas tiene mi novio!

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