28 de enero de 2011
El tiempo
¡Qué frío! Después de leer el libro de instrucciones de Paul Auster, ya no lo evito: hablo y hablo del tiempo sin parar, con desenfreno, apasionadamente. Tengo que buscar más información sobre el viento (creo que esto es un déjà vu).
Parece que curiosamente el sol de invierno y la calefacción han llevado mi mente hasta el verano. En agosto haremos un viaje: recorreremos Francia en coche. Aún no sé cuál será el itinerario (lo prepararé yo, como siempre), pero pasaremos por Le Cimetière marin. Ah, es cierto, acabo de leer una referencia a este lugar y eso me ha hecho pensar en el verano. La calefacción, tambien. Va a ser genial: los dos solos. Espero que no discutamos mucho. Es la última oportinidad. Tiene que ser genial.
Cuando llegue a casa me tomaré un paracetamol. Ha vuelto el dolor de cabeza.
24 de enero de 2011
24 de enero
Hoy han dicho que un tipo afirma que es el día más triste del año, y me he preparado a seguir la corriente al mundo... Pero nada de nada. Puede que haya llenado el tarro de las desazones en estos meses o que no me crea nada de lo que cuentan la mayoría de los medios de comunicación: escándalos en el deporte y en los aeropuertos que hacen gritar a algunas mujeres y hombres "¡Viva la militarización! ¡Viva la contundencia de nuestro gobierno!" (sutilmente intenté explicarles que si algún día se nos ocurriera la loca idea de movilizáranos y exigir un cambio profundo en esta sociedad, seríamos nosotros los reprimidos con igual contundencia independientemente de lo diferentes que puedan ser nuestros motivos... sutilmente, porque temí que me apedrearan); detenciones de personas que pasan meses en prisión preventiva sin que entendamos muy bien por qué, ¿por organizar talleres o defender su forma de ver el mundo con palabras dichas en voz alta?, pero sirven para llenar los periódicos con nombres y esfuerzo por mantener nuestro estado de derecho y bienestar (uy, se me ha llenado la boca de baba de repente); movilizaciones de trabajadores a los que recortan sus derechos y que conocemos, más o menos, un mes después porque alguien ha agredido a un representante político (este tema es de mis favoritos gracias a una amiga no-periodista que me va poniendo al día); y yo qué sé cuantas historias más que me tienen confundida y harta y enfadada y revuelta.
Aún así, hoy no consigo estar triste, más bien melancólica. Hoy cumpliría años alguien a quien quiero hasta el infinito; alguien a quien admiro y se fue, porque todos nos vamos aunque no tengamos ganas ni hayamos dejado de luchar. Ahora ya sólo queda una persona en el mundo con tus mismos apellidos y cuando también desaparezca, y aunque siempre estarán nuestros recuerdos... el mundo de las palabras habrá perdido un nombre de esos que no se inventan, uno de esos que nacen de la propia tierra.
Echo de menos las charlas con él. Ahora mismo estaríamos empezando a alzar el volumen despotricando contra tanto engaño y tanto tragador; recordando alguna anécdota de la infancia, de la guerra, y acabando con algún comentario simpático para que no se me hiciera la vida tan grave. Tan bueno y tan poco comprendido.Deseando vivir hasta el último momento a su manera. Hablado todo ya con Dios y con los hombres, tienes razón, no hubo necesidad de confesarse.
En un día tan triste para el mundo por ser lunes, fin de mes, por no tener dinero en la cuenta después de los días de fiesta, por no ser capaz de dejar de fumar... yo estoy contenta por no haber olvidado a quien con poco podía ser feliz, por echar lágrimas sólo pensándole, por tener inspiración en mi propio nombre. Hazme toc toc esta noche en sueños, me gustaría felicitarte.
18 de enero de 2011
Nocturno
"He tenido que levantarme y, después de días sin fumar, liarme un cigarrillo, agarrar el cuaderno y un bolígrafo y empezar a echar tinta sobre papel cuadriculado. Enredarme en interminables diálogos imaginados tumbada sola en la cama puede acabar en las seis de la mañana con los ojos abiertos, y a esa hora tengo que levantarme para comenzar a andar el día. Qué te voy a contar que aún no sepas... Sé que me vas a decir que es lo de siempre, que tengo que inventarme un sueño nuevo, que dediqué mucho tiempo a pensar en lo mismo y ahora es difícil desengancharse. Ya tengo millones de conexiones neuronales especializadas en este tema y cuesta romper lazos tan fuertes.
No hay nada especial en esta noche, pero verás, sigo sorprendiéndome cuando después de tanto tiempo me pasan estas cosas. Estaba charlando otra vez con ese personaje imaginario del que te hablé, explicándole cómo conseguí reconstruir mi vida, cómo dejé de estar paralizada y empecé a correr para ganarle terreno al tiempo perdido. Mientras me recreaba en la defensa de mis victorias, tuve que echar mano del pasado - ¿de qué otra manera podría dar verosimilitud a mi historia - y me tropecé con un recuerdo que podía usar como ejemplo de otras muchas mentiras que me atormentaron y me arrastraron al fracaso. ¡Dios!, he roto a llorar, rota otra vez, por un momento; he tenido la sensación de que realmente el dolor y el amor habitan en el corazón y no en el cerebro, en contra de lo que tantas veces me y te repito. Siempre es extraño aunque siempre sea lo mismo: una imagen vuelve a la memoria vívida y ardiente; al instante, calor, al tiempo que los músculos del pecho se contraen para inmediatamente abrirse en un espasmo dejando escapar un aullido de dolor que sale de lo más profundo del pecho, que se convierte en lágrimas brotando de unos ojos apretados con fuerza como queriendo hundirse para siempre. Esto puede durar segundos, como hoy; o meses, como antaño. ¡Vaya, como duele! La sensación que me ha quedado es que se abría una brecha mal cerrada en este mi corazón que temo algún día acabe parándose para siempre. Lamento recurrir a una imagen tan manida, pero…
No sé si me explico bien, ni siquiera me siento capaz de ello, y aún así sé que tú siempre me entiendes, incluso cuando no encuentro las palabras. Necesitaba tenerte cerca en este momento, boca a boca.
No hay por qué preocuparse, no creo que esto sea una recaída, sólo, como he dicho antes, un tropiezo; a ver si con algo más de tiempo se acaban los pensamientos firmados con llanto, que ya cansa. Y sí, te haré caso de nuevo: volveré a la cama para crear un sueño nuevo, otra historia; aunque antes me gustaría enviar lejos a los viejos personajes usados, a algún sitio en el que tengan difícil escaparse. Quizá al olvido… Quizá no hoy. Quizá mañana…"
9 de enero de 2011
Evocaciones
Con el último caramelo en la boca de aquel viaje que se me llenó de mensajes suyos, pienso en deshacerme de esta botella de Saint-Emilion que empezamos juntos y terminé sola con lágrimas que resbalaban sobre aquella sonrisa que siempre se me pinta en la boca al revivir la epifanía final de "Los muertos".
Diría 1 el día 9
Los primeros días de este año han ido pasando entre paredes y ya no recuerdo bien cómo era la luz del sol; eso sí, doy gracias a Iberdrola por no haberme cortado el suministro eléctrico, de momento... Gracias por estas facturas cada día más lucidas [mi abuela siempre utilizaba este bonito adjetivo como eufemismo de "gorrrrrrrda" hermosa, ahora mi abuela ya no sabe hablar]. Ahora, exactamente ahora a las 2.30 de la madrugada de no sé muy bien qué día, parece que mejora el gripazo que me ha tenido zombi desde el día 1 de esta nueva década. Han sido días sin reloj, con sueños a media mañana de calles vacías y carreras desquiciadas, noches de ahogo en una habitación que parecía un bar: libre de humo; mucha tele, bastantes pelis, algo de cine, poca lectura, demasiados gritos para tanta fiebre... No he disfrutado estas vacaciones largas y extrañas, pero las doy por buenas si me sirven para retomar con ganas la vida diaria que comenzará mañana, cuando despierte.
Hay un montón de cosas de las que me gustaría hablar, sin embargo, mi cerebro aún no da para ello, y a veces temo que deje de dar. En realidad estoy tan triste... por cosas que leo y escucho, por una historia que estamos haciendo con mentiras, por querer encontrar la verdad y no saber dónde empezar a buscar. En momentos como estos (y siempre) me saca felicidad del cuerpo el escuchar y leer a personas (leer es a veces poner voz interior de otros) con opinión y emociones de esas que recuerdan a humanidad y civilización de verdad: él y él. Y un apunte más: me siento reconciliada con Savater después de oírle el otro día hablar en la 2 (magnífica televisión pública, al menos algo por lo que alegrarse al encender la televisión).
También decía mi abuela: ¡Qué cosas tiene mi novio!
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