Hay días en los que una tiene la cabeza en otra parte. Que cuesta mantener la conversación y dar una apariencia más o menos inteligente. En esos días importa ser al menos agradable.
Hay días en que una se pierde en la inseguridad y en la certeza de ser de todo menos necesaria. Los esfuerzos valen la pena cuando se hacen por personas a las que se quiere. A esas a las que jamás se daña. Hay que ir tirando.
Hay días y meses y años que se hacen perennes.
Descubro en los caminos del viernes hacia casa cuánto me gustan los árboles de hoja caduca. Cuánto me gusta veros desnudos, sin artificio, bajo la nieve.
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