15 de noviembre de 2011

Entre mi cuerpo y el infinito a veces hay solo un punto de distancia. Recorrer ese espacio mínimo da sentido en mi día a día a la palabra supervivencia: me aferro a la agónica cotidianeidad construyendo pacientemente la seda en la que envolver despojos de otra derrota cuerpo a cuerpo. Mañana renacerán mis restos. Así, más desnuda, descarnada, llegará el momento en que no queden fibra, ni tendones; sólo hueso. Así, llegará el momento que me concentre en una única palabra.

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