Creí que pasar el fin de semana sola encerrada en casa me serviría para adelantar trabajo, leer, descansar un poco y levantar el ánimo; pero este día en el que la luz no conseguía entrar por las ventanas no ha sido el mejor para iluminarme. Solo vueltas a la cabeza y recuerdos difusos. Una palabra puede ser suficiente para remover una conciencia herida.
En todo caso, el domingo será otro día y tras unas horas de sueño estoy segura de que mañana no dependeré de aspectos climatológicos ni los utilizaré para justificar mi hastío. Lo prometo: ya es hora de dejar de culpar al cielo de los dolores en la tierra.
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