No suelo escuchar música o leer las obras de gente que acaba de morir; espero a que llegue el momento en que me llamen la atención sin dejar que sea la muerte la que me lleve a ellas. Sin embargo, con Delibes he hecho una excepción. Cuando era una cría leí alguna de sus novelas y no suscitó en mí mayor interés su literatura. Cuando estudiaba en la Facultad lo vi en una conferencia, ya enfermo, con paso lento y honorable. La imagen que se grabó en mi retina se cargó de humanidad con aquella sonrisa que significaba proximidad al otro.
Como digo, con Delibes he hecho una excepción y he retomado la lectura de sus letras tras su muerte, por motivos relacionados con el trabajo, pero me alegro de que haya sido así. Ha sido ahora, desde una sensibilidad distinta, cuando he comenzado a apreciar sus palabra. Tomé dos obras, Las ratas y El disputado voto del señor Cayo y me ha encantado. Su dominio de la palabra exacta, la que se convierte en la cosa misma porque nace de la tierra, huele a aire libre y a camino hecho por el hombre que trabaja con las manos. Las descripciones son tan finas que conmueven; los personajes, tan reales en lo bueno y en lo malo, que cobran vida. Sin lugar a dudas su maestría nace de una sensibilidad inmensa, de una capacidad de observación nada habitual. Me ha sorprendido como sabe captar los distintos tiempos, algo que intuí en Las ratas y de lo que fui totalmente conciente en El disputado voto, precisamente en el contraste entre los personajes de la ciudad y el señor Cayo. Él se rige por otro tempo. El ritmo del sol, del viento, de las cosechas...
En fin, he perdido gran parte de mi habilidad para el comentario y la crítica literaria, así que lo dejo para cuando me sienta más preparada. Por ahora, ha sido un placer compartir estas noches con Miguel Delibes y aseguro que se volverá a repetir. Y sólo una cosa más: si es un placer, el más grande, leer a este pintor de espacios y de hombres, también lo es escucharlo en las múltiples entrevistas que se le han hecho. Como se suele decir, ya no quedan hombres así.
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