Llevo un tiempo mascando puntos de vista y temo que los acabé triturando tanto que se me convirtieron en un caótico universo de ideas parpadeantes. Juaría que anoté en algún sitio un puñado de reflexiones que surgieron mezclando varias experiencias personales y la lectura de los textos que nos dieron en un curso sobre la pervivencia de los clásicos en la literatura, y ahora no sé dónde habrán ido a parar. Fue un momento de esos en los que una disfruta manchando el folio en blanco con frases que emanan de la euforia más que de la inteligencia. Suelen ser poco provechosas en sí, sin embargo, sirve para encontrar esos puntos de luz que se proyectan desde la intuición alumbrando estados de conciencia. En fin, que había un par de ideas que me gustaría recuperar de aquel día, y mi memoria se ha debido ir a celebrar las Fallas junto con el cuaderno donde la volqué.
Aunque mis notas se hayan perdido temporalmente, aún conservo los textos de ese curso. Fueron varias las charlas que me llamaron la atención. Me entusiasmó desde el primer minuto una profesora de la Facultad de Valladolid (quizá influyó que viniera de donde ya me fui) con sus planteamientos innovadores y su discurso fluido alejado de la rigidez academicista que caracterizaba a algunos profesores de aquella misma Facultad (y de tantas). Ella nos descubrió un autor holandés del que espero recibir un libro cuyo título llamó poderosamente mi atención. Ya veremos que ocurre por este camino. Por otro, surgió una mujer aragonesa tímida y con ganas de ganarse a un público al que no sabía muy bien cómo acercarse (físicamente incluso). En su exposición sobre una autora de su tierra me llevó hasta un colectivo femenino sobre el que nunca me paré a pensar y ahora se me aparece a cada paso: las hetairas.
No puedo aún tener una idea clara sobre lo que representaron estas mujeres en la sociedad griega, necesito documentación y la quiero ya. Por ahora tengo como referencia algunos de los textos que leímos, francamente reveladores. Mujeres formadas en lo femenino y lo masculino, en la sensualidad, en la reflexión, en la independencia. Mujeres respetadas por los hombres que tenían conciencia de élite. Mujeres libres. Mujeres que dirgieron el rumbo de la historia. Me parece un modelo interesante, así como me parece todo un acierto que un colectivo en defensa de las prostitutas haya tomado este nombre. Los nombres crean y transforman realidades.
Probablemente me llamó la atención esta figura fenemina porque conecta con un tema que me obsesiona: la belleza y la inteligencia. Eso es lo primero que me viene a la cabeza, reflexiones a las que hoy no soy capaz de dar cuerpo. Después, la mujer independiente que asume roles transgresores. Por último, la curiosidad que me genera la observación distante de modelos diferentes de relaciones interpersonales; cómo el hombre griego satisfacía sus distintas necesidades: la mujer del hogar, la compañera del alma y la prostituta (estas dos últimas unidas en la misma o no, con imagen femenina o no). Si algún día consigo tomar una posición clara y argumentadas sobre estas cuestiones, creo que mi vida experimenterá un cambio cualitativo notable. Creo...
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