Mientras escribía en una cuartilla una lista de libros para encargar esta mañana, antes de volver a coger el tren rumbo a la ciudad donde el frío te conserva fresca como una merluza en la nevera, recibí un correo. Me lo enviaba una buena amiga y me alegré de tener noticias suyas. Todo va bien, el trabajo como siempre, a ver si vienes a verme, sonrisa, sonrisa :)... Pero no estoy segura de que todo vaya realmente bien. Algunas frases me llamaron la atención [¡Atención!]. Tiene pareja desde hace años y ya me había confiado en otras ocasiones palabras que no hablaban de felicidad. Hoy se sentía, creo, especialmente triste. Decía que a veces se asusta cuando él entra en la habitación, cuando habla a gritos, cuando ella no puede responder a sus expectativas. Cuando su actitud es la de un jefe descontento. ¿Es posible que la persona con la que proyectas compartir tu vida te sobresalte, te haga sentir de esa manera?
Sé que las cosas no son sencillas. Cuando intentamos analizar una situación podemos poner sobre la mesa montones de imágenes distintas y contradictorias haciéndose casi imposible encontrar un orden que nos lleve hacia una explicación o una decisión rotunda y definitiva. Hay ocasiones en las que es necesario seleccionar, reducir las variables a las realmente importantes. Simplificar la realidad quizá. Cuando el problema es tan íntimo, las contradicciones suelen ser aún más fuertes; como dos Titanes de igual poder empujando en direcciones opuestas. Inmovilidad. En esos casos hace falta una tercera fuerza, a veces no mayor que la de un ratoncito, que desequilibre la lucha.
Ni siquiera me puedo permitir ya dar consejos sabiendo lo negada que soy para las relaciones personales, pero sé que nadie debería hacer sentir a otro así. Es terrible usar los sentimientos para dominar. Establecer relaciones de dependencia, que te recuerden que siempre están ahí contigo cuando los necesitas, es dejar que pienses que sola no eres nada. Temer la soledad por tenerse miedo a uno mismo.
Acabará como siempre justificándolo, explicando todas sus bondades y los demás le recordarán lo mucho que él la quiere, pero a veces dudo que esto sea verdad. Hay situaciones en que no puedes quedarte con lo bueno si en la resta te llevas dolor. Quien bien te quiere nunca dirá que te hará llorar. Se trata de ser feliz y ya es bastante difícil. Compartir esta búsqueda con otra persona no puede suponer una lucha diaría. No tiene sentido. Es cierto que las relaciones no son sencillas y en su complejidad se puede hallar gran belleza si existe un inmenso y honesto amor (aunque a veces queme). Pero no hay por qué luchar en la cama con dictadores, ni encontrarse en la cocina de tu casa con desconocidos o medir las palabras dando un paseo agarrados de la mano. No es justo que te quieran mal y aguantar.
Me entristece no tener respuestas rotundas ni salvavidas, aunque confío en ella; sé que es fuerte para encontrar respuestas en su cabeza y en su alma mejores que las que cualquiera le podamos dar. Eso sí, atesoro un cariño que emplearé para convertirme en ratón llegado el momento. Toca sonreír de verdad.
Sé que las cosas no son sencillas. Cuando intentamos analizar una situación podemos poner sobre la mesa montones de imágenes distintas y contradictorias haciéndose casi imposible encontrar un orden que nos lleve hacia una explicación o una decisión rotunda y definitiva. Hay ocasiones en las que es necesario seleccionar, reducir las variables a las realmente importantes. Simplificar la realidad quizá. Cuando el problema es tan íntimo, las contradicciones suelen ser aún más fuertes; como dos Titanes de igual poder empujando en direcciones opuestas. Inmovilidad. En esos casos hace falta una tercera fuerza, a veces no mayor que la de un ratoncito, que desequilibre la lucha.
Ni siquiera me puedo permitir ya dar consejos sabiendo lo negada que soy para las relaciones personales, pero sé que nadie debería hacer sentir a otro así. Es terrible usar los sentimientos para dominar. Establecer relaciones de dependencia, que te recuerden que siempre están ahí contigo cuando los necesitas, es dejar que pienses que sola no eres nada. Temer la soledad por tenerse miedo a uno mismo.
Acabará como siempre justificándolo, explicando todas sus bondades y los demás le recordarán lo mucho que él la quiere, pero a veces dudo que esto sea verdad. Hay situaciones en que no puedes quedarte con lo bueno si en la resta te llevas dolor. Quien bien te quiere nunca dirá que te hará llorar. Se trata de ser feliz y ya es bastante difícil. Compartir esta búsqueda con otra persona no puede suponer una lucha diaría. No tiene sentido. Es cierto que las relaciones no son sencillas y en su complejidad se puede hallar gran belleza si existe un inmenso y honesto amor (aunque a veces queme). Pero no hay por qué luchar en la cama con dictadores, ni encontrarse en la cocina de tu casa con desconocidos o medir las palabras dando un paseo agarrados de la mano. No es justo que te quieran mal y aguantar.
Me entristece no tener respuestas rotundas ni salvavidas, aunque confío en ella; sé que es fuerte para encontrar respuestas en su cabeza y en su alma mejores que las que cualquiera le podamos dar. Eso sí, atesoro un cariño que emplearé para convertirme en ratón llegado el momento. Toca sonreír de verdad.
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