15 de septiembre de 2011

Un día

Paso la mañana trabajando y la tarde trabajando otro poco, hablando con amigos, con mis padres (cada uno por su lado), dormitando algún ratillo para no caer derrotada por el cambio de horario y las revueltas en la cama. Miro Facebook y busco algún contacto, unas palabras, aunque solo sea a través de la pantalla: disfruto de la soledad, de mi independencia, pero sentirse sola es otra historia, una que aún no necesito contar. El tiempo pasa lento; bien, tendré que aprovecharlo: acabaré la última novela y empezaré la que me he comprado. Recompondré el mundo. Ya he dicho que aquí el tiempo pasa lento, quizá sea capaz de hacerlo.
Se hace de noche, poco a poco; ya han dejado de cantar los pájaros.

12 de septiembre de 2011

De cambio

Pasó el verano de viajes y compañía agradable, que todo lo bueno empieza y acaba en algún momento, y ahora las circunstancias me ha traído hasta aquí



y aunque es un lugar precioso, todavía no sé si es donde me gustaría estar. Supongo que hace falta tiempo para encontrarse cuando uno se enfrenta a un cambio como este: unos cientos de kilómetros, otra casa demasiado llena para estar tan vacía, desconocidos allá donde vas y el mundo lleno de campo para alguien que siempre cambió de una a otra ciudad. Supongo que cuando no sepa qué pinto en este valle donde hoy no quiero a nadie, miraré esto

que en mis primeros paseos ya se ha convertido en mi principal punto de apoyo. Me arrimaré a esa pared de roca por si pierdo el equilibrio hasta que deje de sentirme mareada e insegura. Que todo es cuestión de tiempo, algo que aquí sí tengo.