18 de abril de 2010

A veces

La cabeza ladeada con los ojos orientados hacia el infinito para poder mirar en su interior. Un sueño perpetuo. Toda pérdida tiene su periodo de duelo, en algunos casos infinito si no se lucha por recuperar el control del presente venciendo la nostalgia y la añoranza. Algunos hombres caminan así, a un centímetro del suelo, sin dejarse rozar por el aire contaminado que respiran los demás. Envueltos en plástico aislante que los mantiene inmaculados. ¿Y después qué? Después nada, la omnipresencia de la soledad y la incomunicación.
Prometemos encontrar el camino, esforzarnos más, acabar los proyectos abandonados, aprovechar el tiempo... Pero nunca encontramos el momento para ello. Algunos somos insoportablemente lentos. La lentitud, la pereza, la abulia, el spleen devoran hasta no dejar del hombre ni el recuerdo de sus huesos. Aunque todavía nos quedan los deseos y la extraña sensación de que, a pesar de los fracasos y las lágrimas, alguien sigue susurrando poemas desde el otro extremo de los recuerdos directamente a nuestro corazón.
Algunas noches al meterme en la cama me tapo hasta los ojos y reimagino recuerdos ligeramente mejorados con los que modelo futuros dulces llenos de abrazos y victorias. Con más sonrisas, con palabras perfectamente pronunciadas, con las historas mejor contadas. Quiero que sea un presentimiento; que sea verdad que si deseas algo con todas tus fuerzas, llegará a cumplirse; por favor, que sea verdad...

Clovis

11 de abril de 2010

Nostalghia


Hace un par de día desconecté el descodificador de TDT en favor del DVD (nota: no es tan caro comprar otro euroconector), apagué la luz y la habitación comenzó a llenarse de voces italianas.

No voy a hablar de Nosthalgia (Tarkovski) porque estos días mi cerebro funciona bajo mínimos, pero quedé fascinada.

6 de abril de 2010

Off-line

Confirmado: soy adicta a Internet. Llevaba dos años conectada por la cara, es decir, by the face, pero se acabó lo que se daba. Ahora me bajo a un ciber para leer el correo y las cuatro tonterías de facebook. Especialmente el correo, signo evidente de que soy estúpida además de una adicta (es una historia más complicada de lo que estoy dispuesta a aparentar).
Ayer fue un día duro, no sabía qué hacer con mi vida. Quería descargarme una serie que me recomendaron y en la que parece que había una reflexión hecha para mí; nada, imposible, no hay red. Pasé la mitad de la tarde posando desordenadamente la mirada sobre los libros sin querer abrir ninguno. Hoy no voy a repetir. Estos minutos han sido la ración del día, la caladita de hoy. Llevo dos pelis en el bolso recién sacadas de la biblio, y me las pienso merendar. Acabaré el libro que empecé esta mañana y soñaré con el siguiente de Paul Auster que saciará mi sed de metaliteratura. Me ha fascinado este hombre, localizado justo en el momento adecuado; como debe ser.
Esta es la estrategia: alejarme de esta red para envolverme en la telaraña del cine y la literatura al estilo tradicional (un cigarro, una cerveza y mi sofá). Esta vez me dejo devorar.

5 de abril de 2010

3 de abril de 2010

Movimiento constante con una aceleración variable entre setenta y ciento cuarenta kilómetros por hora. Calma, sonrisas, música, búsqueda del ambiente adecuado para sumar emociones sincronizadas. Recuerdos, silencios, cambio de paisaje, fotografías en movimiento, emoción. Salto de autovías a carreteras secundarias arañadas por la nieve y el agua. Vibraciones.
Largas distancias sin fin. Camino en sí mismo, sin expectativas. Tensiones reveladoras; conclusiones. Valor.

En la carretera

Déjà visité