Las palabras lanzadas al viento flotan sin rumbo mientras los ojos perdidos sueñan en la dirección equivocada. El gris se difumina al son de unos dedos nerviosos, trashumantes.
En la más absoluta confusión provocada por la densa humedad que lo abraza todo con una intensidad agobiante, el Hombre y la Mujer ser sienten abandonados, a la deriva, y suspiran para tratar de disimular el atronador latir de sus corazones: tan, tantamtantam, tantan, tantantan, tantamtantam... Sin tregua, hasta el sinsentido. La luz se abre camino, llora, grita y se apaga en un violeta pálido...
Y el Mediterráneo extendiéndose hasta más allá del horizonte prometiendo una vida mejor, o, al menos, un mundo más bello, de un azul intenso... O, al menos, tan bello...
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