23 de septiembre de 2013

El ser humano es extra extra ordinario

Me viene a la memoria un anuncio que empleaba un lema... "El ser humano es extraordinario". Joooo, qué bonito!!! Me dan ganas de llorar... Creo que empezó con Radio Colifata, no? Abuelos extraordinarios, políticos extraordinarios... Jopé, cómo no emocionarse... Espero que este año hagan uno de "Hijosdeputa extraordinarios". Comprendo que la competencia será dura, pero ánimo!
ordinario, ria.
(Del lat. ordinarĭus).
1. adj. Común, regular y que sucede habitualmente.
2. adj. plebeyo (‖ que no es noble).
3. adj. Bajo, basto, vulgar y de poca estimación. U. t. c. s.
4. adj. Que no tiene grado o distinción en su línea.
......................................
Hay más acepciones, claro, la RAE (AMÉN) siempre a tope. Creo que por hoy cuatro son suficientes. Demasiados significados les encontré a algunas personas, no hay ganas de seguir cortando (cuidado que hace pupa) y pegando (relax, lástima que no se pueda). En fin...
Toda esta rabia es consecuencia de las muestras de insolidaridad, cobardía y falta de educación que me demuestran algunos. Gente que ni conozco,  pero que forman parte de esto que llamamos mundo (qué listos los publicistas!) y que cada día me provoca más ganas de irme allí "donde no haya ni pájaros". Por suerte, algunos siguen siendo realmente extraordinarios, sin publicidad ni nada que ganar. Empatía...
Palabras, palabras, palabras...

15 de septiembre de 2013

El desconcierto

Hay una película que me impresionó la primera vez que la vi y no ha dejado de admirarme cada una de las ocasiones en que me he sentado encandilada, emocionada, a revisarla. El desencanto. Quedé fascinada con la familia Panero, desconcertada, extrañada, llena de curiosidad... Leopoldo María sigue motivando emociones y estados en mí similares, como un recuerdo del pasado que de forma tan inesperada aun conserva vida suficiente para hacerte temblar. Un poema es la llave para a abrir la puerta hasta lo más profundo... quizá del infierno, otras veces del deseo... Recuerdos de una adolescencia marcada por las lecturas en la biblioteca de una ciudad pequeña que vigilaba escondida en las sombras a los jóvenes ansiosos por explorar un mundo que, sin saberlo todavía, se extendía desde el río hasta la puerta del bar, no había más. Desencanto, decadencia, mediocridad... Probablemente, no en este orden.
En fin, nos hicimos mayores y nos alejamos los unos de los otros y de nosotros mismos, al tiempo que nos convencíamos de nuestra capacidad para no ser convencidos asumiendo así la mentira más absoluta. ¿El dilema?: ¿vivir o sobrevivir? Algunos caímos derrotados ante el tercer dolor de cabeza. No hace mucho me llamaron cobarde.
Me pregunto por qué siento ahora la necesidad manifestar tales vaguedades que poco pueden interesar salvo que fueran firmadas por alguien de reconocido prestigio (ya casi una expresión digna de destacar, si no de ser un perfecto fin de la cita)...
Hablaba del desencanto y caí en el desconcierto, porque no hay nada más actual que esa sensación de desorientación a la que nos lleva una realidad tan inverosímil como la que vivimos. Nos creímos preparados para afrontar la herencia de nuestros antepasados y nos hemos mostrado como inútiles absolutos. Al menos por un tiempo. Habrá que cambiar.