12 de junio de 2012

descuido

Una copa de vino blanco y un cigarro, la mezcla perfecta para recobrar la melancolía. Recuerdos, expectativas frustradas, la ignorancia siempre impregnando cada ilusión y reduciéndola a nada. La misma historia cada vez más pesada, más opresiva y omnipresente. Sin embargo, siguen abriéndose las flores a la orilla del camino hacia el trabajo y las paredes cortadas de la peña, meses después del primer encuentro, continúan siendo un espectáculo que me corta la respiración. La vida sigue y mi angustia equivale al temblor provocado por la pisada de una araña en el universo. Incapaz como soy de tejer ninguna red. Nada, el equivalente a verter toda esta necedad narcisista sin ninguna justificación. Del yo al nosotros hay un cambio generacional que no recuerdo cómo dar.
No voy a mencionar ninguno de los asuntos que me exasperan cada día, no merece la pena si no tengo algo novedoso que aportar; es evidente que no es el caso. No hoy. Únicamente queda esperar encontrar las palabras, la fuerza y un gramo de ánimo para descubrir que tras las telarañas se esconde un mundo de oportunidades, un mundo nuevo, del que saber disfrutar.

Carpe diem, también ahora tiene sentido.

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