Algunas veces me quedo mirando ensimismada las grúas que se convirtieron en un elemento cotidiano del paisaje urbano, y no tan urbano. Me hipnotizan los lugares colonizados por gigantes postes de luz, por imponentes molinos de viento o por esbeltas grúas inoperativas, como quietas para siempre.
Quizá un día me busque una grúa, una que me mantenga en pie, suspendida, cuando me derrumben.Una que me balancee las noches que no puedo dormir y hace calor en la calle. Una a la que subirme y estar muy lejos del suelo antes de lanzarme. Una desde la que ver el fin del mundo y casi poder tocar las nubes. Una pintada de blanco y negro y a la que enganchar una brocha gorda con la que escribir versos sobre el agua.
