29 de octubre de 2010

Primavera, verano, otoño, otoño, otoño...

Todos los perros ladran y aullan hoy enloquecidos en el patio, el cielo dispara gotas de agua que rebotan en los cristales sucios de mis ventanas y apenas entra luz en esta casa donde cada día hace más frío y más sueño y más ganas de escuchar sólo el ritmo del silencio.

27 de octubre de 2010

26 de octubre de 2010

Pasando el tiempo

Fin de semana en Madrid, largas esperas. Reunión de amigos, muchísimas cañas, el sol golpeando mi rostro de otoño y la mayor parte de los deseos aún en el tintero. Me gustan los viajes en el asiento delantero del coche. Me gusta dormir acompañada y levantarme la primera, aunque me toque la ducha fría y avisar en recepción de que me he congelado: "Por favor, que él no pase frío". Me asusta que me asuste tanto la gente invadiendo las calles y que siempre tenga que elegir a solas para sentirme satisfecha. Las manos se extienden demasiado limpias en esta ciudad de polvos usados.

Domingo de resaca y resurrección. La visita al recién nacido me despierta el apetito de vida y creación. Daría algo por mecer en mis brazos algo bueno de mí. Daría algo por darte más de lo que tengo y recoger de ti el reflejo de mis sueños. Sólo materializo pesadillas sobre el aire de estas corrientes semicirculares. Espero que la casa no llegue a explotar sin llevarnos por delante.

Punto y aparte

No hay fotos, no hay besos, no hay nada de lo que tanto echo en estos días de menos.
Y hasta las baldosas bailan cuando paso sobre ellas
pensando en ti.

19 de octubre de 2010

Dormida

En el sueño pronunciaba en voz alta algunas palabras sentada sola en una mesa:
Como el polvo arbrasado del incendio
Como el polvo de la casa abandonada
Como el polvo de una noche
olvidado por uno de los dos
o de los tres…
Como cuanto me quedé
Como lo que perdí.
Todo como nada.

18 de octubre de 2010

5 de octubre de 2010

Day is done

Carta sin despedida

A veces,
mi egoísmo
me llena de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin
remedio,
mi querido
hermano y parigual en la
desgracia.

A veces -o mejor dicho:
casi nunca-,
te odio tanto que te veo
distinta.
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible
y por lejano-.
Pero el odio también me
modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme
cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo
nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes,
yo te reconozco,
identifico tu perfil
primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como
sigues
siendo,
como serás ya siempre,
mientras te ame.

                                    Ángel González

In a manner of speaking


La primera vez que abrí un blog lo titulé como éste ahora . Sustancialmente no era diferente, pero en esencia no tenía nada, nada, que ver. Aquella vez les pasé la referencia a mis amigas, esas a las que - ya es hora de decirlo - adoro. Y unos meses después abrí otro; otro escondido para poder volcar palabras que me quemaban; y para otras cosas que ni tengo claras ni expresaría aunque fuera así. En ese vaivén que dibuja mi vida en todos los sentidos, se han ido remarcando los trazos que me pintan: la inseguridad, la insatisfacción con cada una de las formas de dar mis pasos, el desorden, el pudor y el ansia por escapar hasta rozar el descontrol y volver a tocar suelo. Así, volví a dar la dirección de la nueva carpeta de recuerdos a una a dos personas, gente que en la vida me había visto. Incluso,si no recuerdo mal, de alguna otra manera me dejé ver. Pasó un tiempo - soy incapaz de medir ni de recordar el tiempo ni los tiempos - y tuve (he tenido) que volver a redireccionar los folios en blanco que quizá nunca debiera manchar. Con todo esto ya digo demasiado, aún sintiéndome tan cómoda - ahí quizá el motivo - en la clandestinidad [hasta me sonrío ante tamaña estupidez]. Todo esto tiene un porqué.

En aquel primer blog colgué una canción que escuché con unos amigos en un viaje. Y puede que también en el segundo blog; no lo recuerdo bien. Y porque los círculos me atraen, pese a acabar siempre en espirales, era obligado que mi cerebro trajera a mi caótica y caprichosa memoria otra vez esta versión que tan suave me suena siempre que vuelvo a ella. Y porque los recuerdos llaman recuerdos, compañeros de viaje, y porque empiezo a encontrar fechas y coincidencias con los meses de años pasados y con personas que escaparon pero nunca desaparecen... Y por tantas noches de sueño robado y tantas ficciones y tantas cosas, prefiero acabar saliéndome por la tangente: ¿y qué extraño trauma habrá detrás de que todos los grupos que hacen versiones me  recuerden que existió algo llamado La década prodigiosa?

3 de octubre de 2010

1 de octubre de 2010

Unas voces me susurran:

No pasa nada,
siempre y cuando pase algo.
Y repiten:
No pasa nada,
siempre y cuando
pase algo;
siempre,
que pase algo.