Vamos a acostumbrarnos el uno al otro, vamos a hacerlo despacio, vamos a comernos con dulzura, porque somos lo único que tenemos y no estamos seguros de que esto dure mucho tiempo. Puede que días, quizá años... unas cuantas décadas en el mejor de los casos. Vamos a querernos y requerernos aunque nos suponga una lucha el día a día. Te los prometo: merecerá la pena.
Vamos a encontrarnos en cada esquina, y resultará agobiante, pero querrás más cuando te susurre que eres mi vida, que cuento los segundos para sentir tu aliento sobre mi nuca cuando susurras, como si no estuviera alerta, que soy la mujer de tu vida todas las noches y hasta que el universo explote sobre nuestra cama.
Vamos a imaginar, aunque no nos lo creemos, que estarás ahí cuando todo acabe, velando mi último aliento, y yo diré, indescifrable, en un susurro agotado, que te he amado.