El verano se acabó y lo vamos a echar de menos, mucho. Recordaremos los día llenos de horas todas a nuestra disposición, algunas eternas, otras mínimas, casi como si se escurrieran entre las agujas del reloj. Julio nos llegó de lleno integrándonos en el mundo de los parados y sentimos cómo todo daba vueltas sin parar, sin saber cuándo iba a terminar; pero subimos al avión rumbo a Berlín y el cielo europeo parecía tan acogedor... Los cambios y aventuras sientan bien pero la ansiedad siempre se hace un hueco en el equipaje de mano. De vuelta, esa sensación que no se despega de la piel, esa de que hace falta superarse, como si uno se lo hubiera buscado; y no es así, claro que no. Huimos de sentirnos culpables, pasamos de puntillas por sentirnos víctimas y aparcamos los pies en el punto medio: aquí estamos, es el momento de parar unos minutos y volver a echar el paso. Las cajas que no se deshicieron siguen llenas, aunque no cerradas; las ilusiones que teníamos, envueltas en papel de seda para que no se arruguen; las historias que nos contaron, cada vez más vividas.Y llegó mi momento, ahora soy yo la que se quedó sin expectativas, sin trabajo a la vista, sin saber cómo dar ánimos.
Agosto nos trajo conciertos, botellas de vino compartidas a dos, a tres, a cuatro... Tardes de incertidumbre esperando que llegue la hora de dormir para no tener que mirarse a la cara, mezcladas con kilómetros de carreteras interminables. Me volví a encontrar saltando y bailando como hacía tiempo que no hacía, malcantando a dúo La niña imantada sin parar de reír. Feliz por unos minutos con tan poco. Un día de playa, Asturies siempre está en mis planes, se convierte en otros de esos placeres que lo son más en verano, con el sol cargándote de energía. Calor y humedad. Está claro que, pese a todo, el verano ha sido un buen verano.
Y sin remedio llegó septiembre. Ninguna duda se ha resuelto, no hay ni certezas, ni planes; las cajas hechas y abiertas siguen esperando y no se me va esta sensación de haber retrocedido seis años, de haber involucionado personal y profesionalmente. ¿Cómo se vestirá desesperación para su visita? Creo que tiene que haber por ahí más gente perdida. Deberíamos encontrarnos.