Otro cambio de residencia y van…
He perdido la cuenta. Sé que en un par de meses me sentiré como en casa, pero
esta vez no sé si podré aguantar aquí siquiera sesenta días.
Abandoné el valle con un nudo en
la garganta: en ningún sitio había encontrado a una amiga como la que allí
dejo. Siendo precisos no es allí donde la dejo porque también se traslada, pero
a estas alturas del juego sé bien que en las relaciones sociales el lugar donde
se fraguan es increíblemente importante. Puede que en otro lugar, en otro
tiempo, quién sabe si hubiéramos pasado de conocernos de vista; sin embargo las circunstancias
nos llevaron a encontrar momentos parar construir el cariño que nos tenemos.
Voy a echar de menos las tardes compartiendo una lata de cerveza, yo
recreándome en mis obsesiones, ella pintándose las uñas. Por simplificarlo un
poco todo.
Ahora queda adaptarse a lo que
toca, como siempre. Mañana intentaré moverme. Veremos si hay suerte. Volvemos a
la tierra de los hermanos Panero. Esta vez juntos.