Hoy, de nuevo, hemos manifestado nuestro desacuerdo con las medidas adoptadas por un gobierno que no nos representa, que no vela por los derechos de todos los ciudadanos de este país.
Hemos hecho huelga por la educación pública para todos. Pública y laica, añadiría, que parece que aquí solo se salva de la tijera la Iglesia, incluso en los centros educativos. Qué lástima.
No solo no es el momento de reducir, más bien es el momento de ampliar. Tengo alumnos de bachillerato que estaban eligiendo sus estudios superiores en función de las posibilidades económicas familiares. Un aumento en las tasas universitarias, en ciclos formativos, reducción de becas (dice ahora mismo una señorita en el Congreso que no, veremos), aumento del precio de los transportes públicos, pobres expectativas laborales y millones de ciudadanos en paro (algunos serán, digo yo, padres)... hará que se lo tengan que pensar un poco más. ¿Derivamos el gasto público al gasto familiar? No, hombre, tengan ustedes el valor de exigir un esfuerzo mayor a los que más tienen, porque es deleznable seguir cargando de esta manera a aquellos a los que no se molestan ni en escuchar.
Los alumnos más pequeños me sorprenden cada día con preguntas del tipo si es cierto que les van a quitar el transporte escolar, cómo es posible que un profesor de Historia les pueda dar Lengua (y viceversa, añado), qué significa que un país entre en recesión o si creo posible que España salga de la Unión Europea. Tienen 13 años, les informo intentando ser objetiva, me muestro crítica y argumento siempre evitando el dogmatismo, insisto en que hablen con sus padres, busquen juntos información, reflexionen y den valor a lo que otros hombres y mujeres consiguieron para nosotros. Sonrío e repito que ahora no se preocupen demasiado, disfrufen y aprovechen este tiempo tan precioso que pronto pasará. Que son el futuro. Una alumna de esta edad me recordó el lema de los estudiantes en tantas manifestaciones: si somo el futuro, por qué nos dais por culo. Repiten: queremos que nos escuchen. Por ellos salimos a la calle, perdemos parte de nuestro sueldo y lo que haga falta.
Mañana, quizá, salgamos a la calle porque hemos perdido nuestro trabajo.
Solo una cosita más, da bastante pena que cuando hemos pensado en concentrarnos en la puerta del instituto o en la plaza del pueblo lo primero en lo que muchos hemos pensado es que no habíamos pedido autorización ahora, de nuevo, que todo es ilegal sin el correspondiente visto bueno. Te lo piensas dos veces porque venían alumnos. También padres. Lo hemos hecho, no ha pasado nada. Me alegro.

