24 de febrero de 2012

semiarco

23f

Hoy vi una columna de humo marrón densa, opaca, a las 10 de la mañana y me entró el pánico; la vida propia no es lo más importante cuando te importa poco casi nada. Creí que, por un minuto creí que mi casa ardía. No suelo dejar la calefacción muy alta, 17º es una temperatura más que razonable para poder sobrevivir - yo y las pelusas no exigimos mucho a dios si no nos pide grandes sacrificios -, y la revisión anual da confianza; porque Repsol es una empresa solvente, de esas que no te van a mentir por minucias. Si ardes, por favor, recuerda que en esas cajas está mi vida: libros que no he podido leer, libros llenos de notas, libros que me dieron la vida, fotografías llenas de sombras, recuerdos escondidos en esquinas...
Tras la angustia siempre se encuentra el otro, y  pensé en Valencia, en manifestaciones de estudiantes, de profesores - yo soy profesora, paréntesis -, en policías, en porras - padre militar, hijo del gremio, noches de insomnio...- y en guerras civiles. Pasé el fin de semana leyendo la historia de mi tío-abuelo, el topo. Treinta y cuatro años viviendo oculto, entre cuatro paredes; 60.000 pesetas del 36 por su cabeza.
No es que sea republicana, que también, es que siento una terrible pena .                                                                      por qué creemos que estamos aguantando.